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Contemplándola Moreno con ojos más atrevidos que en los tiempos que no se creía rico y poderoso, vió de pronto cómo el rostro de la «señora marquesa» parecía velarse, lo mismo que si se deslizase sobre él la sombra de una nube invisible. Luego contrajo su boca con expresión dolorosa y se llevó las manos al rostro, para ocultar sus lágrimas. Se levantó de su sillón el oficinista para consolarla.

Estaba muy envejecido, de mal color, y con más aire extranjero que antes. «¡Oh, puerta del paraíso!, ¡qué manos te abren...! Dispense usted... Me canso horriblemente» dijo Moreno, saludándola con tanta urbanidad como afecto. Estupiñá, que entraba detrás, le echó también un gran saludo a D. Manuel, permitiéndose abrazarle, porque eran antiguos amigos.

Era una muchacha alta y esbelta, de rostro moreno, con facciones menudas y bien trazadas y unos ojillos dulces y alegres. Pues había oído decir que tenía usted una niña muy bonita; pero veo que la fama se ha quedado corta. La chica enrojeció aún más y apenas pudo murmurar las gracias.

Abriose la puerta y aparecieron Jacinta y Patrocinio, la hermana de Moreno. Esta se reía de ver a su hermano enzarzado con la santa, y riéndose se retiró. Venga usted... Jacinta por Dios dijo Moreno echando la firma al documento , y sáqueme de este Calvario. Crea usted que su amiguita me está crucificando.

Hoy me encontré al Sr. D. Carlos Moreno Trujillo». Quedose Doña Paca suspensa, y poco faltó para que se le cayera de las manos el plato que estaba lavando. «D. Carlos... Pero ¿has dicho D. Carlos? Y qué... ¿te habló, te preguntó por ? Naturalmente, y con un interés que... ¿Es de veras?

Acaeció al mismo tiempo que nuestro amigo Moreno, arrastrado por sus aficiones naturalistas, había seguido antes el mismo camino y se ocupaba en examinar algunas yerbas y flores con una lente de que siempre venía provisto para casos semejantes.

1048 Y si alguno no se atreve a seguir la caravana, o si cantando no gana, se lo digo sin lisonja: haga sonar una esponja o ponga cuerdas de lana. EL MORENO 1049 yo no soy, señores míos, sino un pobre guitarrero, pero doy gracias al Cielo porque puedo, en la ocasión, toparme con un cantor que esperimente a este negro.

Las excursiones duraban siempre un día. Era condición imprescindible que había puesto Moreno. Y aun así apuraba casi siempre para la vuelta a fin de no llegar después de las siete de la tarde.

Es lástima que teniendo todos los medios de ser feliz no lo sea. ¿Qué le falta a usted?...». Moreno sentía que el corazón se le hacía pedazos. «¿Pues no dice que qué me falta?... Si me falta todo, absolutamente todo. ¡Ay, qué mujer!, si sigue en esta cuerda, creo que me pongo más en ridículo». ¿Qué le falta a usted? Nada. Si no se le pusieran en la cabeza cosas imposibles, estaría tan campante.

Entonces dile, replicó el capitán, que he hablado otra vez con el viejo médico de rostro moreno, y que él se compromete á traer á su amigo, el caballero que ella sabe, á bordo de mi buque. De consiguiente, tu madre sólo tiene que pensar en ella y en . ¿Quieres decirle esto, niña brujita? La Sra. Hibbins dice que mi padre es el Príncipe del Aire, exclamó Perla con una maligna sonrisa.

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