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Actualizado: 6 de octubre de 2025


La otra noche en el café donde tengo costumbre de asistir, versó la conversación sobre los maestros y catedráticos que habíamos tenido los que en torno de la mesa nos juntábamos. Cada cual dio cuenta de los talentos, las manías y los rasgos más o menos donosos de los suyos, sazonando la descripción con anécdotas graciosas o desabridas, según el numen del narrador.

EL JUEZ. ¡Usted, en fin de cuentas, es víctima de unos maestros del chantage! ELOY. ¿Se convence usted? EL JUEZ. Se echará tierra a este asunto; pero con una condición. ELOY. ¡Aceptada...! EL JUEZ. En estos últimos tiempos, usted ha votado de una manera que ha contrariado al presidente del Consejo; usted, que era el más firme apoyo del Gobierno, ha cedido a las peores sugestiones de la oposición.

Después la nación se ilustró, emancipándose de las tradiciones, pero los reyes no han progresado; antes bien, han retrocedido, apartándose cada vez más de aquella tendencia reformadora y anticlerical de los primeros Borbones. Si hoy, al educar a un príncipe, dijeran sus maestros: «Queremos hacer de él un Carlos III», se escandalizarían hasta las piedras de palacio.

De estas rentas deberían pagarse todos los gastos de la iglesia, culto divino, salarios de sacristanes y cantores, que también tendrían ayuda de costa por el pueblo para que fuesen maestros de niños, como dejo dicho, los acólitos, que éstos sería bueno lo fuesen de los de la escuela; y así ellos como los maestros y discípulos de la música tendrían obligación de acudir a la iglesia a todo lo que se ofreciese, como que las escuelas habían de estar contiguas a la iglesia.

Mucho se ha escrito, en particular por extranjeros, respecto de la influencia que sobre Velázquez ejercieron, primero sus maestros y luego otros pintores. Desde luego hay que descontar a Herrera el Viejo, con quien estuvo, siendo niño, muy poco tiempo y de cuya rudeza nada se le pegó.

El doctor hijo del Padre de los Maestros había renunciado á su traje universitario é iba vestido como la esposa de un menestral. Así, gentleman dijo ella, como si adivinase sus pensamientos , es imposible que me reconozcan. ¿A quién se le puede ocurrir en nuestra República que una mujer vaya vestida de mujer?

Hay escritores dichosos que desempeñan admirablemente este doble trabajo, y andan en la procesión y repican que se las pelan. Estos tienen el don maravilloso de practicar el arte y de legislar sobre él, y son maestros en todo cuanto cae debajo del fuero de la pluma.

Y otro, y diez más, y las melodías de los grandes maestros más cariñosos al oído, y por fin, el vagar poético de una mano de artista sobre las tristes cuerdas de una guitarra, que responden a la caricia acariciando... Y la noche avanzaba, el silencio del bosque se hacía más profundo, las estrellas palidecían, sin que nos diésemos cuenta del rápido correr de las horas... ¿Dónde, dónde encontrar en esta vida sin reposo, ni aun en las cumbres del arte humano, algo que iguale la impresión soberana de la naturaleza, en los instantes en que se entreabre y deja, como la Diana griega, caer sus velos a sus pies y se muestra en toda su belleza?...

Yo digo que maestros de hierro que no usen palmeta, sino fusil Remington. Pero qué, ¿se lo llevan ya? No está muerto; pero parece grave. ¡Golpe más bien dado! murmuró un chulo . Ese chico es de buten. ¡Vaya, que la madre que parió tal patíbulo! apuntó una de estas que llaman del partido.

Calderón, Rojas y otros muchos poetas importantes siguieron escribiendo para el teatro; y si bien sus últimas obras no son iguales á las primeras, hasta las producciones más débiles de estos maestros tienen títulos suficientes para ser incluídas en la edad de oro del teatro español.

Palabra del Dia

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