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Con efecto, estando allí muy tranquilo, mirando correr el agua de jabón y viendo a las lavanderas colgar sus ropas en los cordeles, dieron sobre el presidente del Consejo de Ministros, el de la Juventud Católica, el ministro de Fomento y el de Gracia y Justicia, los cuales inmediatamente me amarraron y me condujeron a la cárcel.

Presidente Centro Telegráfico. 11. Presidente del Ateneo. 12. Dr. Manuel Secades. 13. Capitán Golderman, Instructor Ejército. 14. Capitán Parker, Instructor Ejército. 15. Capitán Gatley. 16. Dr. Benigno Sousa. 17. Teniente Coronel Juan de D. Romero. 18. General Lara Miret. Presidente Senado. Presidente Cámara. Subsecretario de Estado. Subsecretario de Justicia. Subsecretario de Gobernación.

Volvió á reir el príncipe. ¡Wilson con alas!... Se imaginó al Presidente con un sombrero de copa, sus lentes, su sonrisa bondadosa, y saliéndole de la espalda del chaqué dos triángulos enormes de plumas iguales á las que llevan los ángeles en los cuadros de la pintura religiosa. ¡Gracioso coronel!... Luego quedó pensativo, mientras su rostro tomaba una expresión grave.

Apenas se hubo sentado, el adjunto del fiscal se levantó: Permítame usted otra pregunta, señor presidente... Usted ha dicho, Karaulova, que su verdadero nombre es Pelagueia. Por consiguiente, se la bautizó con tal nombre. Así, pues, es usted cristiana, lo que consta, como es natural, en su pasaporte.

Con estos desatinos que decia, Que muy grande aficion al Argentino Mostraba el Presidente que tenia, Procuran de volverse en su camino El Obispo, y teniente que ponia En su lugar Ortiz el zaratino; Que es Cáceres, un hombre bullicioso, Amigo de mandar y sedicioso.

Pasé á ver sin pérdida de tiempo al Presidente y le hablé de la provincia de Moxos, dándole parte de los numerosos abusos que allí se cometian, y esponiendo los medios de reforma que me parecian convenientes.

Matienzo el Presidente no repugna En esto; que formando una quimera, En el cuerno le pone de la luna Al Argentino reino y su ribera: Y dice, que no puede haber alguna Provincia de riqueza en tal manera, Cual esta; aunque rodeen todo el mundo Entre el polo primero y el segundo.

Aquel hombre era Simón Cerojo, que tenía ya toda la gordura y todo el lustre, y aun todo el traje, propios de un tratante en caldos que va en próspera fortuna, pero que no ha llegado todavía a la mitad de su carrera. Dice el señor presidente que el interés moral no es quién contra el interés material y del momento. No diré que no tenga razón el señor presidente; pero tampoco diré que la tenga.

Al modo de aquel que, corriendo, choca contra un árbol, el presidente se detuvo, aturdido; buscó con la mirada entre los testigos a la mujer que le había contestado tan rotundamente, y todas las mujeres se le antojaron iguales, lo que le impidió orientarse. Entonces examinó la lista de testigos. ¡Pelagueia Vasilievna Karaulova! ¿Quiere usted prestar juramento? preguntó otra vez. No.

Voy a dar orden de que le sirvan un vaso de agua. Estas palabras fueron acogidas con un murmullo de aprobación. No estoy fatigado, señor presidente respondió suavemente el orador. Dejarle descansar. Que se le traiga un vaso de agua. Los espectadores, acometidos súbito de una ardiente simpatía, se convertían en madres cariñosas para el hijo del Perinolo.