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Actualizado: 21 de octubre de 2025
Era impulsado hacia ese placer por accesos, y frecuentemente, después de haber pasado semanas enteras evitando a la joven; cuando la veía a lo lejos como un ángel de alas brillantes premio radioso cuya vista lo excitaba a precipitarse hacia adelante , sentía más que nunca el peso de sus crueles cadenas.
Y el piloto empezó á arrepentirse de sus consejos. ¡Abandonar el Mare nostrum, que era el mejor de todos los buques en que había servido!... Se acusó de cobardía, creyendo que era él quien había impulsado al capitán á tomar esta decisión. ¿Qué iban á hacer en tierra los dos cuando el vapor fuese de otros?... ¿No tendría él que embarcarse en un buque inferior, corriendo los mismos riesgos?...
Era un cacique que, merced a los encantamientos de la bruja, se había convertido en águila para cegar al conquistador. Hombres razonables y equilibrados no hubieran seguido adelante. Una visión ordinaria de la realidad les habría impulsado a retroceder o a tenderse en el suelo, desalentados.
Era Cristeta; pero una Cristeta nueva, renovada, hacia la cual se sentía impulsado, no sólo por inclinación amatoria, sino también por algo misterioso, privativo del espíritu y puramente anímico, en que no entraba para nada la fascinación de la hermosura.
Aquel hombre poderoso pedía que le compadeciese. ¿Qué pediría él, que llegaba impulsado por una vergüenza de familia?... Dupont cayó desalentado en su asiento, la cabeza entre las manos, con la facilidad con que pasaba su carácter de la acción desordenada e impetuosa al anonadamiento cobarde. Suspiraba, con tristeza: ¡La familia!... ¡la familia!...
Lo habían conducido moribundo á su vivienda, pero á la hora en que aparecieron dichas ediciones los médicos mostraban esperanzas de salvarle la vida. Cada uno comentó la noticia según la repulsión ó la simpatía que le inspiraba el poeta. Los hubo que hablaron de un exceso de inspiración que, haciéndole olvidar la realidad, le había impulsado á arrojarse al agua.
Para Tellagorri, los perros si no hablaban era porque no querían, pero él los consideraba con tanta inteligencia como una persona. Este entusiasmo por los canes le había impulsado a pronunciar esta frase irrespetuosa: «Yo le saludo con más respeto a un perro de aguas, que al señor párroco.» La tal frase escandalizó el pueblo.
Entonces el maestro volviose hacia Melisa con un movimiento instintivo de protección, pero la niña había desaparecido entre las sombras. Impulsado por un extraño terror, corrió rápidamente camino abajo hacia el lecho del río, y saltando de roca en roca, alcanzó la aldea.
Estaba aturdido, magullado, pero no se había roto ningún miembro. Impulsado por el instinto de la conservación, pudo agarrarse á la pared de roca y subir de aspereza en aspereza hasta algunos metros de la boca. El sol, los pastos, las ovejas y su perro estaban ante su vista, y éste le miraba con ardientes ojos.
Olvidaba torpemente que una joven parisiense, esmeradamente educada, no dejaba seguramente de ser una mujer, pero que había dejado absolutamente de ser una bestia. Si vuelve a ser una salvaje, lo que no carece de ejemplos, es su marido quien la habrá impulsado. Desde los primeros días ya hubo en aquel joven menaje un ligero tinte de frialdad de una y otra parte.
Palabra del Dia
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