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Tenía tanto en que pensar el triste del cocinero mayor, que su cabeza estaba hecha una devanadera. Iba y venía con sus cavilaciones, y de todas ellas no sacaba más que una cosa en claro: lo referente á los amores de su mujer con el sargento mayor don Juan de Guzmán. Este pensamiento se formulaba en la frase que Francisco Montiño pronunciaba con los nervios crispados: ¡Como la otra!

Al fin y a la postre, ¿qué había pasado entre Pepe Guzmán y ella? Nada en substancia.

Hubo unos instantes de confusión en que nadie se daba cuenta de lo que en realidad había pasado. La Amparo se había puesto terriblemente pálida y aún murmuraba sordamente denuestos. En cuanto León Guzmán averiguó, viendo en sus manos la llave, lo que había pasado quiso arrojarse sobre ella, y lo hubiera hecho faltando a lo que se debe un caballero, si Pepe Castro y Rafael no le hubieran sujetado.

Por una carta de D. Juan II fecha en Toro á 15 de Diciembre de 1441, fueron desterrados de esta ciudad y de cinco leguas á la redonda D. Juan Conde de Niebla, D. Pedro Ponce de Leon Conde de Arcos, D. Alonso de Guzman y D. Juan de Leon, ordenando al Concejo, que si no obedecían, se juntasen con el Pendon de Sevilla y le obligasen a cumplir su mandato.

, vos; habéis calumniado á una santa... ¿Creéis que la reina?... Es digna de que una mujer de corazón como vos, la ame en vez de odiarla. ¿Y qué puedo yo hacer? Sed más que la querida pagada de Lerma. ¡Ah! Enloquecedle; hacedle creer que le amáis. Eso no es fácil; don Juan de Guzmán ha visto en mi casa á vuestro amigo. ¿Y qué importa? Lo sabrá Calderón... lo sabrá Lerma.

A Hormesinda sucedió Guzmán el Bueno, otra tragedia del mismo autor. Pronto emprendieron la misma senda diversos poetas: José Cadalso con su Sancho García, en la cual se imitan los alejandrinos con rimas pareadas de yámbicos de cinco pies; Gaspar Melchor de Jovellanos con su Munuza, de igual asunto que la Hormesinda, é Ignacio López de Ayala con su Numancia destruída.

»Sin detenerme a sacarla de él con explicaciones que no eran del caso... ni muy fáciles de dar, salí del gabinete y me encerré en el mío... ¡a batallar de nuevo contra vestigios y fantasmas!... ¡Ociosas y bien excusadas mortificaciones!... »Sagrario, Leticia, mi madre, Pepe Guzmán, todos mis «dulces enemigos» estaban complacidos ya. Ya estaba extendida mi respectiva patente de corso.

Desde el negocio de Teresa estás deshonrado dijo Alcántara. Siempre va la desgracia con la hermosura apuntó con tonillo irónico Ramoncito. ¿También , Ramón? exclamó con afectado asombro Cobo . Vamos, llegó el momento de que los pájaros tiren a las escopetas. Pues, señores, confieso mi debilidad. No puedo estar al lado de esa chica sin ponerme malo dijo León Guzmán.

El 5, como á las ocho de la mañana, salí con el práctico Francisco Miguel Guzman, en una pequeña canoa, quedando en este lugar dicho Capitan comandante, con ánimo de caminar paulatinamente, y siguiendo aguas abajo el Rio de Jujuy: á las nueve de la noche llegué á las juntas del Rio de Tarija, con distancia de 12 leguas de donde dejé el barco.

Me hacéis preguntar demasiado, Montiño; si no bastan los maravedises que os doy para que estéis bien servido, pedidme más. No importa lo que se gaste; necesito, para servir bien á su majestad, saber todo lo que sucede en palacio, y lo que sucediendo fuera de palacio pueda también convenir. Ese hombre es el sargento mayor don Juan de Guzmán. ¡Don Juan de Guzmán!