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Actualizado: 24 de octubre de 2025
Los he dejado muy contentos bajo la vigilante mirada de la señora Braun y he salido a mis quehaceres acostumbrados. »Me he pasado todo el día pensando en el gozo con que anunciaría a Amaury la comisión que logré para él y los planes que he forjado. Cuando llegué a casa eran más de las cinco y se disponían a sentarse ya a la mesa.
Llenaba luego apresuradamente las copas, como si su vacío le infundiese horror, y apenas sentía disminuir el peso de la botella, reclamaba con vigilante previsión el envío de otra. Dirigía equitativamente este gasto extraordinario: las buenas cuentas mantienen las amistades.
¿Y dónde se escapan más fácilmente? En la isla Nou... El último que nos jugó esa partida consiguió despojar de su uniforme al vigilante y atarle como un salchichón... Después se escapó en su lancha, pero se le alcanzó en el mar y fué preso... Es un antiguo sacerdote, condenado por atentado al pudor. ¡Oh! un buen punto... Le echaron encima cinco años de célula... Allí puede decir sus rezos á la sombra.
Pero lo que le daba más que hacer, lo que la tenía inquieta siempre y recelosa era la guarda de Maripepa, una niña que no acababa de sentar la cabeza. Siempre vigilante, siempre detrás de ella á fin de que no cayese en las redes que por todas partes le tendían sus apasionados. Porque no sólo era Regalado quien osaba turbar su cándido corazón.
Bajo el cielo límpido y tachonado de estrellas, parecía que flotaba un grito de odio y de venganza. Y dentro de aquella tranquilidad, y de aquella atmósfera tibia y serena, unos hombres, verdaderos condenados, maldecían la vida que se arrastraba para ellos en el sufrimiento y la miseria, sin esperanza. El vigilante enseñó á Tragomer la cordelería y le dijo: Ahí tiene usted la casa.
No se puede entrar nada en los edificios, sin autorización. La traemos, dijo el vigilante sacando un papel del bolsillo. El marinero entró detrás de Tragomer en la barraca, donde sentados en el suelo y con la espalda contra la pared, unos presidiarios estaban trabajando en gruesas y duras maromas embreadas.
Duerme mientras se despierte Del alba con el lucero El vigilante tropero Que repita tu cantar, Y que de bosque en laguna, En el repunte ó la hierra, Se alce por toda esta tierra Como un coro popular.
Está bien; ¡ya no saldría Pampa! Entró en el comedor, sin chistar, y puso la mesa con el orden y simetría de siempre: en la cabecera, el cubierto de don Pablo Aquiles; en el lado de la derecha, el de misia Casilda, y a la izquierda, el del niño; luego, los vasos, el pan, la servilleta... nada olvidaba, y si, por acaso, cometía una torpeza, allí estaba la muñeca de porcelana, vigilante en el sofá.
Tercer encuentro: más calma; tejemaneje insignificante y anodino; sin embargo, la espada del vizconde roza la muñeca de Gómez. Se desnuda al español; no tiene nada; se le vuelve a vestir; se desinfectan las espadas. Cuarto encuentro: al esbozar una tímida agresión, el vizconde se pincha en la muñeca con la espada tendida de su compañero. ¡No se ha escapado esto a la mirada vigilante de Julio!
El vigilante y prudentísimo don Rosendo había averiguado por medio de sus agentes de Madrid, que el duque de Tornos, conde de Buenavista, emparentado con la real familia, embajador que había sido en Francia, mayordomo mayor de palacio, etc., etc., un personaje de mucho bulto en la corte y en la política, estaba decidido a pasar el verano en Sarrió para tomar los aires del mar, que le hacían mucha falta, con más sosiego que en San Sebastián o Biarritz.
Palabra del Dia
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