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Actualizado: 26 de octubre de 2025
Un francés encontró en una ocasión un pedrusco de calamina sobre aquellos terrenos; indagó con cuidado, dió con un filón poderoso, formóse una sociedad explotadora..., y he aquí la causa de tan repentina como radical transformación.
Fabrice no pudo ocultar a su mujer el contento que esto le causaba, y, por la tarde, durante la comida, como hablasen de ese particular, la mortificó inocentemente con sus embarazosas preguntas acerca de lo que ella pudiese saber o adivinar sobre las causas que originaron esta dichosa y repentina conversión de Pedro.
Facia no lo traería a mano, porque no contaba al ir a la fuente con aquella urgencia repentina; pero él se comprometía a volver a recogerlo allí mismo al día siguiente a la misma hora, y era igual. Era libre como el aire, y estaba en posesión de todos sus derechos, incluso el de vivir con su mujer o el de reclamar a su hija para llevársela consigo, si lo primero no le convenía.
Por último, dijo que eso nunca estaba de más, que si los sanos se hallaban expuestos a una muerte repentina, con mayor razón los enfermos. Ni aun con eso entró la luz en el espíritu del joven. Después de confesada, Isabel siguió lo mismo, lo cual contribuyó a mantener su ilusión. Levantábase, corría a la mesa, paseaba del brazo de Raimundo por la sala y pasaba la mayor parte del día en una butaca.
Les cortó el diálogo la aparición repentina de Antonio Zapata, que entró sofocado, metiendo ruido, bromeando a gritos con el dueño del establecimiento y con varios parroquianos. Subió al cuarto interior, y tirando sobre la mesa la voluminosa cartera que llevaba, y echándose atrás el sombrero, se sentó junto a Frasquito y el de los caracoles.
El hierro era la sangre de Bilbao, el aire de sus pulmones, y al faltar de repente, caería la villa ostentosa con repentina muerte, desaparecería, como el decorado de una comedia de magia, aquella riqueza creada de la noche á la mañana, que era para la masa infeliz una opulencia insultante.
La marquesa, conmovida hasta lo sumo, pareció tener entonces una inspiración repentina: desprendió sus manos de las de Diógenes, que se las sujetaba fuertemente, y dijo: Espera un poco... Voy a traértela...
El espectáculo de aquella repentina turbación distrajo al principio al juez del embarazo que sentía al entrar en un camino que no era el recto.
Al día siguiente, una repentina confianza se sobrepuso á esta inquietud. Se acordó del capitán tal como le había visto algunas veces al celebrar desde la cubierta del buque sus hazañas de remero en el puerto de Barcelona ó al comentar con los amigos la inteligencia y la fuerza de su hijo.
¡Bonitas cosas dicen ustedes! exclamó la abuela con repentina energía... ¿Qué cree usted entonces de esas malas cabezas que hacen la desgracia de su matrimonio?... ¿Que no están dentro de su vocación?... Entonces, esa vocación... Señor cura, me hace usted ruborizarme... No hay por qué, señora respondió el cura con un dejo de impaciencia. Esas malas cabezas, están, sin duda, en su vocación.
Palabra del Dia
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