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Más, mi bien, merecéis vos. ¿No es esto verdad? ABIND. ¡Ay, triste! JARIFA. Canta, amiga. ZARO. ¿Qué diré? JARIFA. ¿Qué extremo es ése? ¿Qué fué? CELIND. Di aquella que ayer dijiste. JARIFA. Cualquiera podréis decir. Mandadlos, señor, sentar. ABIND. Sentaos. JARIFA. ¡Tanto suspirar! ABIND. ¡Ay que estoy para morir! Canten.

Y murmuró en voz baja: «¡Qué país!, ¡qué religión!» . Pero ¿podréis decirme añadió con aquella insoportable ironía, con aquella insolencia de que hacen uso los incrédulos, con los que creen y están de buena fe , podréis decirme por qué está colgado del techo un cocodrilo, en aquel corredor de la catedral, cerca del patio de los Naranjos, entrando por la puerta a la derecha de la Giralda? ¿Sirve también la catedral de museo de historia natural?

Me resigno a abandonar momentáneamente Lavardens, porque Pablo quiere ser soldado, entrar en Saint-Cyr, y sólo en París encontraré los maestros y recursos necesarios para ello. Llevaré allá a los dos niños, que se educarán juntos, bajo mi vigilancia, fraternalmente. Podréis estar seguro de que no haré la más mínima diferencia entre ellos. Era difícil no aceptar una oferta como ésta.

De allí, de noche, me podréis sacar sin miedo y llevarme a la barca; y mira que has de ser mi marido, porque si no, yo pediré a Marién que te castigue. Si no te fías de nadie que vaya por la barca, rescátate y ve, que yo que volverás mejor que otro, pues eres caballero y cristiano. Procura saber el jardín, y cuando te pasees por ahí sabré que está solo el baño, y te daré mucho dinero.

Sois demasiado buena señora; ¡pero habría deseado tanto poder quedarme aquí! dijo, mirando al cura que volvió la cara a otro lado. ¿Por qué partís? continuó. ¿Por qué queréis llevarnos a Pablo y a ? Porque sólo en París podréis terminar seria y útilmente vuestros estudios. Pablo se preparará para los exámenes de Saint-Cyr, pues quiere ser soldado. Y yo también, señora, quiero serlo.

Si tomo estas precauciones, Mathys, es solamente para preservaros de un gran peligro. No podré, sin duda, ser vuestra mujer; pero me habéis demostrado afecto, y quiero demostraros, al menos, que soy agradecida. ¿Que no podréis ser mi mujer? ¡Oh! os juro, Marta, que me han calumniado. Yo así lo creo, señor, y me lo va a demostrar la sinceridad de vuestras palabras.

No os descorazonéis, buen hombre, dijo el doncel, que bien podréis trocar vuestro sayal por un jubón en el convento, cuando no tengáis más cerca algún conocido que os saque del paso. tengo, repuso el batanero.

Vuestro animal tiene los brazos embadurnados de mercurio hasta los codos; ¿qué digo? hasta las axilas. Mas no veo la relación... ¿No veis que, siendo vuestra nariz una fracción de su brazo, y poseyendo el oro una deplorable tendencia a amalgamarse con el mercurio, jamás podréis evitar que se os rompan vuestras gafas? ¡Demontre! Tenéis, sin embargo, el recurso de usar gafas con montura de acero.

-El Panza -antes que otro respondiese, dijo Sancho- aquí esta, y el don Quijotísimo asimismo; y así, podréis, dolorosísima dueñísima, decir lo que quisieridísimis, que todos estamos prontos y aparejadísimos a ser vuestros servidorísimos.

Pero toda idea de reconciliación había desaparecido de la mente del doncel, que acudió rápido en auxilio de la joven y enarbolando su grueso bastón gritó: ¡Á podréis decirme lo que queráis, pero hermano ó no, juro por la salvación de mi alma que os mato como un perro si no respetáis á esta dama! ¡Soltad, ú os parto el brazo!