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Actualizado: 5 de octubre de 2025


Miguel soportó aquel abrazo y aun hizo esfuerzos por mostrarse entusiasmado. Aguarda un poco dijo la generala soltándose y tomando un ramillete que había sobre la chimenea. Toma estas flores, ponlas delante de ti cuando escribas, para que al levantar la cabeza te acuerdes de tu Lucía.

Fue la segunda condición, ya cumplida también, que el Príncipe sin poder mostrarse sino tres instantes, y esto bajo la forma de pájaro verde, inspirase un amor tan vehemente y casto, cuanto invencible, a una Princesa de su clase. La tercera condición, que ahora se está acabando de cumplir, fue que la Princesa se apoderase de esta carta, y que yo la interpretara.

Un perro viejo y lanudo, cabizbajo y triste, torpe y cansado, de los que se llamaban ingleses de muestra, y que para la caza son muy estimados, a la doliente mujer seguía, mostrando, cuanto en un irracional puede mostrarse, un dolor que tenía mucho de humano.

A Dolorcitas la trataba secamente, no por ser su hijastra y no su hija, sino porque consideraba que ése era su papel de hombre de negocios. Aquel solemne y majestuoso idiota creía que, para ser marido y padre a la inglesa, tenía que mostrarse frío con su mujer y su hija. Esa tendencia anglómana que se ha desarrollado en algunos pueblos andaluces, no me resulta.

Marta pronunciaba de tiempo en tiempo palabras para interrumpir el silencio y mostrarse reconocida para con su guía; pero éste, creyendo que cumplía, en circunstancias importantes, una orden de la condesa, no respondía sino con un o un no y cortaba en seguida la conversación.

Poco después se presentaba el secretario, un clérigo de media edad, feo, desgarbado, pero de mirada inteligente y franca. La miró con gran curiosidad y preguntó, esforzándose en mostrarse amable: ¿Preguntaba usted por , señora? , señor. Usted me dirá... Deseo hablar con el señor obispo.

De este modo vino a mostrarse complacidísima con la salida próxima, y dijo mil cosas oportunas acerca de los muebles, de la vajilla y hasta de la batería de cocina.

Pero habiendo vuelto la cabeza Antonio y habiéndose encontrado sus miradas, el humor de la joven cambió repentinamente. Empezó á responder con amabilidad á su antiguo amante, á mirarle cara á cara y hasta á inclinarse hacia él, á mostrarse jovial y locuaz, demasiado locuaz para que no se advirtiese el esfuerzo sobre misma. Velázquez se hallaba en el séptimo cielo.

Oirían después con mucho gusto sus obras sublimes; pero por el momento debía mostrarse bondadoso y al nivel del vulgo, tocando algo para bailar. Se contentaban con un vals, si es que sus convicciones artísticas le impedían descender hasta las danzas americanas.

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