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Actualizado: 24 de octubre de 2025
¡Mentís! exclamó el duque, que delante de doña Ana no quería rendirse, por decirlo así, á lo tremendo de su situación; no quería confesarla. Su hijo lo adivinó. ¿Qué haces tú ahí? dijo á doña Ana ; ¿no ves que su excelencia y yo tenemos que entendernos? Vete. Doña Ana se levantó y salió doblegada, cabizbaja, llorando. El duque de Uceda cerró las puertas.
El otro día llegué, y me las encontré llorando, llorando a lágrima viva. ¿Qué pasa? pregunté. «Nada: ¡que Angelina se fué!...» Pero ya verás, muchacho, ¡como todo eso pasa! Lo que es ahora, cuando llegues... ya verás.... ¡Buen rato vas a darles! ¿Por qué, doctor? Ya vino Fernández... hablé con él, y me dijo que el quince de Abril te espera en la hacienda.
La palabra huérfano, que oía repetir en torno mío, como expresión de desventura, tenía para mí un sentido muy vago: viendo que las personas dedicadas a mi servicio me compadecían, llorando, me daba cuenta de que era digno de compasión, pero nada más.
La tía María sollozaba y se retorcía las manos de dolor. ¿Pero qué hicieron tantos como presentes estaban? preguntó Dolores llorando , ¿no hubo nadie que prendiese a ese desalmado? Eso es lo que yo no sé contestó Momo , pues al ver aquello, cogí dos de luz y cuatro de traspón, no fuese que me llamasen a declarar.
Encontrose a un anciano harapiento que solía pedir, con una niña en brazos, en el Oratorio del Olivar, el cual le contó llorando sus desdichas, que serían bastantes a quebrantar las peñas.
Tú, que amaste en otro tiempo a un hombre hasta la locura, ¿qué sientes por mí? ¿No me he engañado? ¿Realmente me quieres...? Sagrario seguía llorando, con la cabeza baja, como si no osase mirar a Luna.
Ha, respondió Candido, es la manía de sustentar que todo está bien quando está uno muy mal. Vertia lágrimas al decirlo contemplando al negro, y entró llorando en Surinam. Lo primero que preguntáron fué si habia en el puerto algun navío que se pudiera fletar para Buenos-Ayres.
Su hijo, que la encontró llorando, enfurecióse y prorrumpió en denuestos contra los beatos. A pesar de esto, la enferma, que iba ya penetrándose de su estado, exigió con dulzura y firmeza a la par que viniese el cura. Raimundo, disgustado, llamó en su apoyo, para negarse a ello, al médico. Este contestó al principio evasivamente.
Una señora gorda, de aspecto bondadoso, hallóse en aquellas apreturas al lado del niño, llevando de la mano a un chiquillo gordinflón que sólo había obtenido un premio de gimnasia. Notó este las lágrimas de su compañero, y tirando de las faldas a la señora, le dijo al oído: Mamá... mamá... Luján está llorando.
El capitán se lleva la mano á los ojos y permanece algún tiempo inmóvil y silencioso. Ya no era aquel viejo apuesto, vigoroso, que en fuerzas y agilidad podía competir con cualquier joven. En pocos meses se había trasformado en un anciano caduco. Gracias, gracias murmuró con voz débil. Dejadme solo. Llorando y en silencio fueron saliendo todos los tertulios.
Palabra del Dia
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