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¿A que la hago? ¿A que no te vienes conmigo a San Ginés? A que . Levantose para tirar de la campanilla. «Necesito verlo para creerlo dijo Guillermina, echando de sus ojos chispazos de alegría . Deja, yo llamaré a Tomás. El pobre chico no se habrá levantado todavía». Creo que ... ¡Tom!... Yo te haré el ... Vamos, vete vistiendo.

La ginebra había repuesto a Diógenes por completo, y púsose a ayudar a Tom Sickles y al prusiano a enganchar el tiro, cantando con aguardentosa voz de cualquier mozo de cuadra una tonada antigua que llamaban El Mayoral: Vamos, caballeros, Vamos a marchá ¡Al coche, al coche! ¡Basta de pará! Vamos ligerito, Vamos a partí. Empués los calores Nos van a freí...

En los asientos del centro, entre varias fiambreras, cajas y piezas de una pequeña tienda de campaña desarmada, iban Kate, la doncella inglesa de la condesa de Albornoz; Fritz, su lacayo prusiano, y Tom Sickles, su famoso cochero, que sin perder su flema inglesa miraba de cuando en cuando con inquietud las evoluciones no del todo diestras que imprimía al fogoso tiro la débil manecita de su ilustre dueña.

Saltó Fritz detrás de Tom y fue a sujetar por el diestro al caballo espantado, que era el de la izquierda del primer tronco. El terror había enmudecido a todos, dejándolos inmóviles, sin osar rebullirse por miedo de apresurar la catástrofe; el hombre del waterproof seguía roncando.

En la traduccion inglesa del viage de D. Antonio Ulloa á la América meridional, tom. 2. capítulo 2., se podía ver una razon particular de esto. De la parte mas meridional de la América, con sus valles, montañas, rios, &c., gran Rio de la Plata, con sus brazos, pesca y puertos.

Después llegó Tom, y la hermana de Moreno se retiró a punto que entraba Guillermina con la misma cantinela: «¿Quieres algo?... A ver si te duermes, que no es mal ajetreo el que vas a llevar mañana. Mira; de París telegrafías, para que sepamos si vas bien...». Daba algunos pasos hacia fuera y volvía: «Lo que es mañana no te llamo. Necesitas descanso.

Zaldumbide mismo le miró a Tom con simpatía. Tommy era un clown, un verdadero diablo. Se habia ganado la independencia, y fuera de tocar la campana para renovar las guardias, lo que hacía de la manera más escandalosa e impertinente que puede suponerse, no trabajaba nada. En cambio, educaba a nuestro perro y a la mona Mari Zancos, a la alta escuela.

Fatigadas, vuelven la cabeza al caballero, y échanle en la cara una agua que hiele: echadas con la carga, no se levantan, aunque las maten á palos, y quitandoles la carga, se levantan. Al vivo van pintadas; pero mejor GARCILASO, Comentários Reales, tom.

Me ha entrado de repente y con un empuje... No veo la hora de que amanezca para mandarle a Tom que haga el equipaje. Mañana haré mis compras. No puede uno ir de España sin llevar los regalitos de abanicos y panderetas... ¡Ay, qué feliz me siento con esta idea que me ha dado! ¡Irme!... ¡Si esto debiste resolverlo hace tiempo! ¿Para qué estás aquí, para consumirte más?

AGUSTIN SALES, Presbítero en Valencia, no le pesará de su trabajo, por ser digna de leerse, y estar escrita por uno de los eruditos principales de nuestra España. Crit. tom. 5. disc. Suele preocuparse el juicio freqüentemente en las cosas de piedad y Religion.

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