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Actualizado: 4 de octubre de 2025
Es más; si hubiera tenido seis ó siete idiomas diferentes, no dialectos ó modos, sino idiomas con pretensiones de literarios y nacionales, no hubiera extendido su cultura desde la Bactriana hasta las Galias: por todo el litoral de Asia, Africa y Europa en el Mediterráneo, y por todas sus islas.
Y volviéndose al anciano, añadió: ¿Sabe usted cuánto llevo perdido? ochenta mil nacionales, y tengo que pagarlos en las veinticuatro horas, y mujer e hijos que mantener, y un sueldo en una oficina que apenas me alcanza para comer y vestir. ¡Que venga, que venga el diluvio! ¡Ojalá! Bondadosamente, el viejo, un antiguo conocido, le hizo reflexiones, que le impresionaron.
Don Saturnino Bermúdez, que juraba tener documentos que probaban al inteligente en heráldica venirle el Bermúdez del rey Bermudo en persona, era el más perito en la materia de contar la historia de cada uno de aquellos caserones, que él consideraba otras tantas glorias nacionales.
En esto, se oyó en todo el salón un rumor súbito, semejante al que en días de fiestas nacionales se oye en la muchedumbre de las plazas cuando rompe en un ramo de estrellas en el aire un fuego de artificio. ¡Ya se sabía que en el Instituto de la Merced había una niña muy bella! que era Sol del Valle; ¡pero no se sabía que era tan bella!
Existían ciudades tan populosas como las modernas capitales del mundo; poblaciones enteras eran inmensas fábricas de tejidos; se cultivaba todo el suelo de la Península. Los Reyes Católicos marcaron el apogeo de las fuerzas nacionales y el principio de su decadencia.
Y fue de ver como el señor Joaquín, ensanchando los horizontes de su comercio, acaparó todas las especialidades nacionales culinarias: tiernos garbanzos de Fuentesaúco, crasos chorizos de Candelario, curados jamones de Caldelas, dulce extremeña bellota, aceitunas de los sevillanos olivares, melosos dátiles de Almería y áureas naranjas que atesoran en su piel el sol de Valencia.
Si recordamos también que esta tragedia es siempre una de las mejores del teatro francés, nos admiraremos de que tanta pobreza haya subyugado más tarde á los españoles, para despreciar las riquísimas flores de sus dramas nacionales. Será curioso, sin duda, examinar más profundamente los defectos de la tragedia de Corneille.
En primer lugar, no haciendo tonterías y abandonando esas ideas de desesperación, que Dios condena; luego, viendo por ahí... tú tienes amigos ricos, relaciones influyentes: no desanimes, hijo mío... El joven dijo que había visto a muchos amigos, pero sin resultado; ¿quién presta, sin garantía, treinta mil nacionales?
Catalina comenzó a hablar lentamente: ¡Doscientos cuarenta hombres! añadió . Son guardias nacionales y soldados... Ya cruzan el foso... Ahora suben por detrás de la media luna... Gaspar habla con Marcos... ¿Qué le dice? La anciana parecía que escuchaba. «¿Vamos pronto?» Sí, venid pronto... El tiempo vuela... ¡Ya están en la explanada!
Recuerdo que, dos años ha, mi amigo Eduardo Bustillo, el inspirado cantor de nuestras glorias nacionales, delante de una escena idéntica á la que voy describiendo, desde el mismo sitio, acaso sobre la misma piedra que yo, lloró con su alma las penas de las pobres familias á quienes una leva sumía en el abismo de todos los dolores, y puso en labios de una esposa desvalida estas palabras sencillas, pero tiernas y elocuentes: «Mi pobre niña inocente el amor perdido siente.
Palabra del Dia
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