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No le formaron maquinas de encanto, Sino el ingenio del divino Apolo, Que puede, quiere, y llega, y sube á tanto. Formóle, ó nuevo caso! para solo Que yo llevase en él quantos poetas Hay desde el claro Tajo hasta Pactolo. De Malta el gran Maestre, á quien secretas Espias dan aviso que en oriente Se aperciben las barbaras saetas;

Arrepentido de la condescendencia, Doria hizo en la Real señales de levar pasada la media noche: había ocurrido una mudanza en el viento que trastornaba todos los supuestos. De Sur que empujaba el viaje hacia Malta, había saltado al NE., justamente por la proa. En tierra habló el Duque con D. Álvaro de Sande, imponiéndole de lo ocurrido y de su propósito de embarcar por la madrugada.

Conducida a Nápoles, embarcó en un paquebot que partía para Malta y desde allí un vapor del Lloyd inglés la transportó hasta el puerto de Corfú. El señor y la señora de La Tour de Embleuse se habían despedido de su hija en la sacristía de Santo Tomás de Aquino.

De fijo llamaría su atención que una gran parte de los ociosos, que en aquel sitio se reúnen desde que existe, lo abandonaban á la caída de la tarde para dirigirse á la Carrera de San Jerónimo ó á otra de las calles inmediatas. Aquel público iba á los clubs, á las reuniones patrióticas, á La Fontana de Oro, al Grande Oriente, á Lorencini, á la Cruz de Malta.

Pasado que fué esto, D. Alvaro hizo poner fuego á tres galeras de las que había en el canal, y la guardia que estaba en ellas la hizo venir al fuerte, porque tenía bien menester della, estando seguro que las cuatro galeras no serían más acometidas, porque eran bastantes para guardarse y tener el paso de la mar para que las fragatas que viniesen de Sicilia y Malta pudiesen venir y tornar, y que las galeras y otros bajeles de los enemigos no se pudiesen acercar al fuerte ni dalles nenguna pesadumbre.

Aurelio, dices, que por nombre tiene Ese cristiano? Ansi se llama. La galera que dices segun creo Se llamaba San Pablo, y era nueva, De la sacra religion de Malta, Yo en ella me perdi, y aun imagino Que conozco á ese Aurelio, y es un mozo De rostro grave, y de nacion Hispana. Sin dubda has acertado, Silvia mia, Quién es este enemigo de mi gloria? Es caballero, ó rustico aldeano?

Parece que el Ceco, tiene la costumbre de parar en la vieja posada de la Croce di Malta, viniendo acompañado algunas veces de su hija, una joven muy linda. ¿De dónde suelen venir? ¡Oh! todavía no he podido averiguar eso contestó Babbo. Sin embargo, parece que las constantes visitas de el Ceco al monasterio capuchino, han despertado el interés público.

Bien mereciera este soldado estudio especial de sus compatriotas más extenso, aunque no fuera tan entusiasta como el que le dedicó el extranjero Brantome, contemporáneo y admirador de sus condiciones, ó el del P. Haedo en la mención que hizo en su Historia de Argel, reseñando las campañas de Italia y Francia en que tomó señalada parte, reinando el Emperador; la batalla de Muhlberg, en que fué principal instrumento de victoria; el socorro de Malta, donde pagó á los turcos la deuda que con ellos tenía, y el gobierno de la plaza de Orán, fin de su carrera.

Pero no se obtuvo esta gran victoria sino a gran bosta; que se perdieron quince galeras, ocho mil valientes murieron: de ellos, dos mil españoles, del Papa ochocientos, y el resto de Venecia, Génova y Malta. El Mediterráneo era libre. Ya las doncellas cristianaste sus riberas no tenían que temer las excursiones de los piratas, ni verse vendidas en los harenes de los infieles.

Al fin cobró ánimo el barbero portugués, me dió unos quantos puntos en la incision, su muger me cuidó, y á cabo de quince dias estaba ya bueno. El barbero me acomodó de lacayo de un caballero de Malta que iba á Venecia; pero no teniendo mi amo con que mantenerme, me puse á servir á un mercader veneciano, y le acompañé á Constantinopla.