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Actualizado: 22 de octubre de 2025


Magdalena durmió con sueño febril e inquieto, viéndose en su pesadilla bien a las claras el influjo de la agonía que se avecinaba ya. Al rayar el alba se despertó, lanzó un grito y extendiendo los brazos hacia su padre, exclamó: ¡Papá! ¡papá! ¿Verdad que no moriré? Abrazóla el doctor respondiéndole con las lágrimas que brotaban de sus ojos.

¡Cuándo llegará el día que veamos la tierra de nuestros campos roja y cubierta de agua, lo mismo que si fuesemos á hacer ladrillos con ella! Quedaban como extáticos al pensar en esto. Después miraban el reloj. Era tarde, y había que ir á la cama para levantarse con el alba.

El vestido regular en las mujeres es una especie de saco de lienzo de algodón, a que llaman tipoy, sin mangas ni cuello, sino sólo unas puntadas por una de sus bocas con que lo acomodan al cuerpo; otras forman con lo mismo una camisa larga a manera de una alba que es algo más decente, aunque ya esto está bastante mejorado.

Cuando empezaba á soplar por el ventanillo la brisa del alba cayó lentamente en un sueño pesado, un sueño embrutecedor, igual al de los condenados á muerte ó al que precede á una mañana de desafío.

La del alba sería cuando don Quijote salió de la venta, tan contento, tan gallardo, tan alborozado por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo.

En 1590, cumplida la parte de destierro fuera del reino, viene Lope a Toledo, y, como secretario, entra al servicio del joven duque de Alba don Antonio, cargo que desempeñó durante cinco años, residiendo en Alba de Tormes buena parte de este tiempo.

Se marcó á lo lejos, en el redondel de sus gemelos, el extremo de un palo negro y derecho que cortaba las aguas, sonrosadas por el alba, dejando un rastro de espuma. ¡Submarino! gritó el capitán. Tòni no dijo nada, pero apartando de un zarpazo al timonel, agarró la rueda, dando al buque otra dirección. El movimiento fué oportuno.

No dice la historia si los amantes descansaron lo que quedaba de noche, que no era mucho por ser verano, pero que cuando al alba fue Florela a despertar a su señora como de costumbre para que fuese a misa, encontrola ya vestida, señal de que el lecho se la había hecho enojoso, y tan hermosa con las suaves ojeras y con la melancolía que mostraba su semblante, que deidad más que mujer parecía.

La desigualdad del piso, el humilde aspecto de las casas, la escasa animacion que reinaba en todas partes llamaron por de pronto nuestra atencion: nos parecia que estábamos en una de esas villas puramente agrícolas en que los habitantes dejan la poblacion por la campiña al primer crepúsculo del alba.

Montalván continúa la narración de los acontecimientos, que inmediatamente se sucedieron, de esta manera: «Después de haber servido Lope largo tiempo al Duque, residiendo ya en Madrid, ya en Alba, se casó con Doña Isabel de Urbina. La dicha de este matrimonio desapareció bien pronto por un accidente desagradable.

Palabra del Dia

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