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Actualizado: 8 de octubre de 2025
Tan repentinamente entró la luz en mi inteligencia, que creía haber sido hasta entonces estúpida e idiota. Me entusiasmé, me embriagué con aquella novela repleta de color, de vida y de movimiento. Cuando bajé por la noche al comedor, donde el cura, que comía con nosotros, me esperaba con impaciencia, bajé soñando.
¿Estás segura de que es á ver á tu profesor de canto á donde vas? Mi acento, mi actitud y mi palidez la turbaron repentinamente. Retrocedió un paso y balbuceó: ¿Pero qué me preguntas? ¿Por qué había de engañarte?
Un motivo más de afecto para Ferragut, que lo encontraba cada vez más simpático, á pesar de su trato un poco glacial. Se dió cuenta repentinamente de que ya no era el conde ruso el que hablaba, pues con breves y certeras preguntas le hacía hablar á él, lo mismo que si lo sometiese á un examen.
¡Qué poco es eso, Genoveva, cuando no se escudriñan los últimos pliegues de la conciencia! Dígame, señorita, ¿ha visto en sueños hoy, como las noches pasadas, el hermoso pájaro de plumas de fuego con la cruz en el pico? María se detuvo repentinamente y se llevó la mano al pecho, como si hubiese recibido un golpe. Después volvió a emprender la marcha y exclamó sordamente: Esta noche no podía verlo.
¡No vullc!¡no vullc! contestaba «Flor de almendro», agitándose entre los brazos de sus compañeras. Y tan sincera era su resistencia, que al fin intervinieron las mujeres viejas, defendiéndola. «¡Dejad a la atlota! Margalida había venido para divertirse y no para entretener a los demás. ¿Creían empresa fácil sacarse de la cabeza repentinamente una contestación en verso?...»
Llegado había muy cerca de ambos personajes sin que éstos notaran su presencia, cuando el hombre enlazó repentinamente con su brazo el talle de la joven y la estrechó contra su pecho. Soltó ella el asustado halcón y lanzando un agudo grito abofeteó y arañó el rostro del rufián, procurando en vano desasirse. No os encolericéis, linda paloma, dijo él con gran risa; sólo conseguiréis lastimaros.
Hacia una de éstas algo mejor que las otras avanzó rápidamente; pero antes de llegar á ella escuchó un canto que la dejó repentinamente clavada al suelo. Era Velázquez que entonaba una seguidilla gitana. Quedó inmóvil y pálida.
La alegría del autor fué tan grande en aquel momento histórico, que por poco se desmaya en los brazos de su amigo. Recobró repentinamente su buen humor, volviendo los colores á su rostro demacrado.
Aquél se volvió repentinamente hecho una furia, y sujetándole con fuerza por la muñeca, le dijo al oído con acento rabioso: Oiga usted, señor majadero: a mí no me tose usted ¡ni en cuarto grado de tisis! ¿lo oye usted? Don Rosendo, como hombre correcto y muy práctico en estos asuntos de honor, no dijo nada en aquel momento.
El ser apareciendo repentinamente, sin causa, sin razon, sin nada; es una representacion absurda, que nuestro entendimiento rechaza con la misma fuerza é instantaneidad que admite el principio de contradiccion.
Palabra del Dia
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