Acaso se arguya que en Sarrió las monjas Agustinas también fabricaban dulces; pero debemos advertir que esta fabricación estaba limitada exclusivamente al rallado de ciruela, membrillo, pera y albaricoque, alguna que otra tarta de almendra y borraja, y un dulce especialísimo parecido a las escamas de los peces llamado flor de azahar. No hay que dudarlo; en Sarrió había pocos golosos.

Las calles, aunque tiradas a cordel, según prescribía la moda en el tiempo en que se abrieron, estaban ya torcidas, gracias a las invasiones o a las deficiencias de los setos de membrillo, boj y rosal.

En un perol se pone alguna más cantidad de azúcar que el peso que el membrillo rallado, con el agua necesaria para hacer un almíbar en punto de bola; cuando el almíbar está hecho, se va incorporando poco a poco el membrillo, y cuando está bien mezclado se pone al fuego, retirándolo apenas rompe a hervir; se saca y pone en los moldes, poniéndolos unas noches al fresco, sin cubrirlos.

Sigue haciendo la matanza, la carne de membrillo, el arrope y las frutas de sartén en las casas más principales. Ha importado nuevos guisos en la cocina local y hasta inventado dos o tres, con sorpresa y general aplauso de los gastrónomos. El padre Anselmo está achacosillo y muy viejo, pero alegre y sereno con la esperanza de su tránsito a mejor vida.

La batata en polvo y las carnes de manzana, membrillo y gamboa, que toda cordobesa prepara, debieran ser conocidas y estimadas en las mesas de los príncipes y magnates. Con el mosto hace la cordobesa gachas, pan y arropes infinitos, ya de calabaza, ya de cabellos de ángel, y ya de uvas, aunque entonces toma el nombre de uvate y deja el de arrope.

Hombre era para pronunciar con suma formalidad y gran reposo: Ayer, en casa de la Lage, se han puesto en la mesa dos principios: croquetas y carne estofada. La ensalada fue de coliflor, y a los postres se sirvió carne de membrillo de las monjas. Comprobada la exactitud de tales pormenores, resultaban rigurosamente ciertos.

Al fin, la comedia se hizo el primer día, y no la entendió nadie; al segundo empezárnosla y quiso Dios que empezaba por una guerra, y salía yo armado y con rodela, que si no, a manos de mal membrillo, tronchos y badeas acabo.

En el siglo XVII hubo en Sevilla algunos confiteros que fueron célebres por su habilidad en la confección de los dulces, y de entre ellos han pasado á la posteridad, digámoslo así, Pedro de Libosna, Bartolomé Gómez y Jerónimo de Barco, que no tenían competidores en las conservas, la carne de membrillo, los mazapanes y los canelones de sidra, canela, avellana ó anís.

El dependiente tenía un grano en el pescuezo, que no le dejaba mover la cabeza, y usaba onda pegada sobre la frente con goma de membrillo. ¡Qué asco dan estas ondas engomadas!

Los jornaleros, de camisa limpia y con sus mejores ropas; si eran jóvenes, iban en cuerpo, pero con chivata o larga vara de membrillo, oliva o fresno; y si eran ya mayores de edad, con capa, para el conveniente decoro, por ser por allí la capa el traje de etiqueta, del que no se puede prescindir, aunque se achicharre o derrita el humano linaje, como era entonces el caso, porque el sol hacía chiribitas.