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Sobre el fondo luminoso resalta, perfectamente recortada, la figura negra del bosque de abetos, que, triste y silencioso, rodea el llano. A medida que se aproximan, los mugidos del agua llegan cada vez con más fuerza a sus oídos... Los rayos del sol poniente se reflejan en los torbellinos de las ondas, y las gotas de espuma que saltan son otras tantas chispas.

Como que parece que se trata de ondas luminosas dijo el Capitán, después de observar con mayor atención . Mira, Horn, cómo se mueven, se levantan, bajan y corren. Son olas que se rompen, Capitán. ¿Contra una costa? No estoy seguro. Pero ¿qué es lo que produce tan intenso resplandor? Pronto lo sabremos, Capitán. El mar nos lleva hacia allá.

Entre los arrojados se oyó un ciego, Que murmurando entre las ondas iba De Apolo con un pésete y reniego. Trabaja un tundidor, suda, y se anima Por verse á la ribera conducido, Que mas la vida que la honra estima. El esquadron nadante reducido A la marina, vuelve á la galera EL rostro con señales de ofendido.

El cielo está radiante, limpio, diáfano; brilla el sol en vívidas y confortadoras ondas; un gallo canta lejano con un cacareo fino y metálico; se desgranan en el silencio, una a una, las campanadas de una hora... Son las once. Avanzo por una calle de terreras viviendas, rebozadas de cal; llego a una espaciosa plaza; me detengo ante una casuca inquietadora.

Las ondas, los remolinos y los torbellinos cambian de punto; todo el régimen del curso líquido varía por mi voluntad según la posición de mi brazo, y las ondas que se forman ante las veo agruparse hacia la corriente, mezclarse á otras ondulaciones y, cada vez más débiles, pero siempre visibles, se extienden hasta la inmediata curva del arroyo.

Duraron estas cosas tan entretenidas para Leto, y también para la sevillanita probablemente, poco más de un cuarto de hora; hasta que el balandro desabocó, y comenzó a sentir Nieves esas inexplicables impresiones, mezcla extraña de pavor y de alegría, que se apoderan de los novicios entusiastas como ella, al verse de pronto mecidos por las ondas salobres de aquel abismo sin medida.

A Dios se vuelve para que le reposo, y anhela beber en el torrente de sus delicias, cuyo ímpetu alegra el Paraíso, y cuyas ondas claras ponen más blanco que la nieve; pero un abismo llama a otro abismo, y mis pies se han clavado en el cieno que está en el fondo. Sin embargo, aún me quedan voz y aliento para clamar con el Salmista: ¡Levántate, gloria mía!

El valle, verde, húmedo y reluciente, perfectamente iluminado por los rayos oblicuos del sol, parecia un inmenso tapiz de esmeralda salpicado de manchas de azabache y ópalo, y en el fondo se agitaban las ondas del lago de Lowerz con los últimos estremecimientos causados por el soplo de la borrasca.

¡Cuán radiante en la lejana perspectiva del pasado, como lampo que emergiera de las ondas de un nublado 20 se destaca luminosa de la pálida penumbra, la apostólica figura del vidente mensajero del amor y la justicia, con su rostro de lucero y el hechizo de su genio que encadena y que deslumbra!

Me sentí extremadamente gordo; tenía en la boca sabor de oro y una sequedad de polvo de oro en la piel de las manos; las paredes de las casas parecían brillar como largas láminas de oro, y dentro de mi cerebro rodaba un mar de ondas de oro. Abandonado a la oscilación de los muelles, rebotando como un ordre mal seguro, dejaba caer sobre la calle la mirada torva de mis ojos llenos de amargura.

Palabra del Dia

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