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Actualizado: 6 de octubre de 2025
El buen parisiense no la quita ojo, y la buena francesa del Mediodía le manda tambien de cuando en cuando alguna miradilla furtiva, picaresca, como robada.
Y con solo esto son muy puntuales y eficaces sirvientes, sin que jamás se excusen a lo que se les manda, aunque sea trabajosísima la ejecución, y el mayor castigo que puede dárseles a estos sirvientes es el despedirlos, porque es cosa que les cuesta mucho sentimiento.
Si te pudiera matar Otra vez, te hubiera muerto. Día de Santo Domingo Me mataste. Y ¿qué es tu intento? Advertirte que Dios manda Que fundes aquí un convento, Donde en vírgenes le pagues Lo que le hurtaste en desprecios. Clausuras honren clausuras. ¿Prométeslo? Sí, prometo. ¿Quieres otra cosa? No. Y dame agora la mano En señal del cumplimiento.
Crishna nos protege, Crishna nos anuncia venturoso éxito, nos declara que la ocasión es propicia, y nos manda que acudamos a ti e impetremos tu auxilio para sacudir el yugo de los muslimes.
¿Qué hablas ahí muchacho? exclamó con sorpresa . Ya sabes que los franceses se van a entregar todos. ¡Qué vergüenza! ¡Que vuelva Napoleón a meterse con los españoles! Chico, nos vamos a comer el mundo, y digo que la Junta de Sevilla es una remilgada si no nos manda conquistar a París. ¡Viva España! Y nuestro amo, ¿dónde está? pregunté intranquilo . ¿Qué ha sido del señorito de Rumblar?
Ven á mis manos, armoniosa lira: Quiero cantar la gracia y la belleza, Que el entusiasmo que arde en mi cabeza Manda que cante á la beldad que inspira. No encuentro nombre que darle Y mi ardiente fantasía No tiene la poesía Que esa imágen tiene en sí. Cantaré sus perfecciones Mucho mas bellas al verlas, Mas si quereis comprenderlas A contemplarlas venid.
Si usted me quiere de veras, si es usted un joven formal y como Dios manda, y si quiere usted que nuestras relaciones continúen, es indispensable que se haga usted presentar a mamá lo más pronto posible. No: lo que hemos hecho hasta ahora no puede ni debe seguir. A hurtadillas de mamá, en paseo, en la calle, haciendo cómplice a doña Rita, no he de hablar ya con usted sino muy de tarde en tarde.
Manda, pues, á Sancho que se vista de caballero, y que se haga pasar por el novio que se aguarda; él, al contrario, se disfraza de criado, creyendo que de este modo podrá averiguar si aquel desconocido es algún galán de su dama.
Á este punto llegaba Clara, cuando vino á interrumpirla la voz de Doña Blanca, que decía: ¡Hija, hija! Lucía y Clara se estremecieron. Aunque era imposible que Doña Blanca las hubiese oído, imaginaron por un instante que milagrosamente las había oído y que iba á terciar en la conversación por estilo terrible. ¿Qué manda V., mamá? dijo Clara temblando. Agua. Dame un poco de agua. ¡Me ahogo!
5 Ahora, la que en verdad es viuda y sola, espera en Dios, y es diligente en súplicas y oraciones noche y día. 6 Pero la que vive en delicias, viviendo está muerta en vida. 7 Manda, pues, esto, para que sean sin reprensión. 8 Pero si alguno no tiene cuidado de los suyos, y mayormente de los de su casa, la fe negó, y es peor que el que no creyó.
Palabra del Dia
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