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A las doce del dia fué servido el Señor Gobernador despacharle con cartas en respuesta del pliego al Comandante D. Manuel de Pinazo, por no haber si lo posible antes, pues se hallaba ocupado en la Junta con el Ilustrísimo Señor, y saliendo de la ciudad caminó toda la noche, y entregó dicho pliego al otro dia 6 al dicho Comandante, y se le permitió el retirarse á su casa por estar nuestra armada á las inmediaciones de la Choza.

Y me levanté de la roca, y con el corazón amargo me volví para encaminarme á la choza de mis padres, por cuya puerta se veía relucir á lo lejos la llama, la alegre y dichosa llama del hogar. Pero de repente, un ruido que sentí á mis espaldas me detuvo. Era ruido de remos. Mi corazón se ensanchó y me volví de nuevo á la roca. Abordó una barca y de ella saltó un hombre. ¿Estás ahí, muchacha? dijo.

Así fue que cuando se le ofreció por yerno, el buen padre enmudeció, profundamente conmovido por el gozo que sintió en su corazón, y sólo suplicó a Stein cogiéndole la mano, que por Dios se quedasen a vivir en la choza; en lo que consintió Stein de mil amores.

Dobló, pues, hacia la casa, pero no sin cierto temor de errar el buen camino, puesto que no sabía exactamente si la luz se veía al frente o en el costado de la choza. Sin embargo, ayudándose con el mango de su látigo para explorar el terreno, llegó al fin sano y salvo a la puerta de la casa.

Eso haré yo de muy buena gana, dijo Roger compadecido del pobre hombre á quien en tan duro trance habían puesto las diabluras de Tristán, su amigo del convento. Pues tomad aquel sendero de la izquierda, que no tardará en llevaros á un claro del bosque, y allí veréis la choza de un carbonero.

El aire, diáfano y trasparente, permite ver a grandes distancias las formas de las cosas, y el humo que se escapa de alguna choza perdida en la llanura, sube vertical y tranquilo a desvanecerse en la límpida atmósfera, sin que el más tenue soplo le conmueva.

5 Y salió Jonás de la ciudad, y se asentó hacia el oriente de la ciudad, y se hizo allí una choza, y se sentó debajo de ella a la sombra, hasta ver qué sería de la ciudad. 6 Y preparó el SE

La magnitud de su casco, la elevación de sus palos, el laberinto de su jarcia, todo le enamora y hasta le enorgullece. ¿Qué vale la pobre choza de su aldea junto á aquel flotante palacio que va á habitar durante mes y medio?

Una humilde choza por vivienda; un saco de paja por lecho; un haz de enea por almohada; una honrada esteva por oficio; pan, agua y salud por alimento; un ramo de tomillo por corona; los bosques, los mares y los cielos por poesía; el Dios que llena al mundo por esperanza; ¿qué más podia apetecer? tenias razon, madre de mi alma; me decias bien, madre de mi vida.

El arroyuelo, que corría junto a la choza de su padre, seguía corriendo: pero ya no iban allí mujeres a lavar la ropa como antes. Portentoso era que todo hubiese cambiado de tal suerte en sólo tres años. Acertó entonces a pasar un hombre por allí cerca y Urashima le preguntó: ¿Puedes decirme, te ruego, donde está la choza de Urashima, que se hallaba aquí antes?