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¡Y ahora el secreto escrito sobre ese pequeño paquete de cartas, de aspecto tan insignificante, era mío... con tal que pudiera descifrarlo! Era imposible que pudiese haber una situación más enigmática y mortificante para un pobre hombre como yo.

Los frecuentes y largos paseos de Beatriz en la avenida de los arrayanes le parecieron equívocos, conjeturando que sus cartas habrían de cambiarse por cima del poco elevado muro que cercaba el jardín de la parte del camino; pero su vigilancia en aquellos contornos resultó baldía. ¿Se escribirían sencillamente por el correo?

Informámonos del estado y calidad de toda la provincia, y nos volvimos á las naves; y bajando por el rio Paraná, llegamos á la provincia de los Cambales, donde hallamos cartas de Alvar Nuñez, en que nos mandaba ahorcar al cacique, que se llamaba Aracaré como se egecutó. Accion que dió despues causa á una guerra tristisima: con lo cual nos volvimos el rio abajo á la Asumpcion.

Ya hemos visto cómo el jesuíta Diego San Vítores, una vez instalado en las islas de los Ladrones, logró excitar el celo y caridad de Doña Mariana de Austria, bien por cartas, ó bien por elocuentes frases del Padre Nitarht; siendo lo cierto que consiguió de aquella reina el título de ciudad para el pueblo de Agaña, y una donación de 3.000 pesos anuales para al establecimiento de un colegio y escuelas que atendieran á la cultura de los habitantes de aquellas islas, que hoy llevan su nombre, el cual le fué puesto por estos y otros beneficios que aquellas recibieron de la esposa de D. Felipe IV. Merced á tan piadosa institución que hoy tiene cuantiosos fondos y se la conoce por San Juan de Letrán, se ha construido un espacioso colegio en Agaña y escuelas en todos los barrios, cuidando los encargados de las cabecerías que ningún niño ó niña deje de concurrir á aquellos modestos templos de enseñanza.

Los vecinos se enteran de todo... ven que recibimos cartas... ven que entran aquí de noche muchos hombres.... No , no ... Calla, mujer dijo Doña Paz asomando la cabeza por entre el ramaje blanco . ¿Qué pueden sospechar de nosotras?

Essex, muy alarmado, previno incontinenti al corresponsal, dándole tiempo de poner remedio, que fué el de su táctica probada. Anunció al Rey otra tenebrosa traza de los Faraones de Egipto, enderezada á perderle con la invención de cartas que pusieran en duda su lealtad, su amor, su adhesión, etc.

Tan conmigo estaba, que reñía al mismo tiempo con otro hombre que sin duda servía á don Rodrigo. ¿Sabe don Francisco lo de las cartas? ¡Ah! no, señora; por mi boca no lo sabe nadie más que vos. Permitidme que os lo pregunte otra vez. ¿No habéis leído esas cartas?

Me ha dicho que la acusación contra mi padre es absolutamente falsa; que, al contrario, fue el más bondadoso y mejor amigo de ese hombre, y que, en reconocimiento de esto, el italiano le regaló la pequeña bolsita de gamuza con las cartas cifradas.

Las cartas y telegramas que solía recibir, pidiéndole que les reservara habitaciones, llegaban fechadas en diferentes ciudades de Francia o Italia, lo cual parecía demostrar que constantemente viajaban. Estos fueron todos los informes que pudimos obtener. La identidad del misterioso Paolo Melandrini permanecía aún sin descubrirse.

Pedro Sancho y Francisco de Jerez, secretarios de Pizarro, antes que Antonio Picado desempeñara tal empleo, han dejado algunas noticias sobre su jefe; y de ellas, lejos de resultar la sospecha de tan suprema ignorancia, aparece que el gobernador leyó cartas.