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Y al charco fue al salir el sol, limpiándose los sudores, y con la sangre a medio helar. Llegó. Llamó. /P «Camaroncito duro, Sácame del apuro.» P/ Vio salir del agua las dos bocas negras. Oyó que le decían «¿qué quiere el leñadorpero no tenía fuerzas para dar su recado. Al fin dijo tartamudeando: Para , nada: ¿qué pudiera yo pedir? Pero se ha cansado mi mujer de ser princesa.

Uno de sus golpes alcanzó á Tito Carleti, hiriéndolo en el cuello y por fin el mismo Cabeza Negra resolvió concluir con aquel temible combatiente y lanzándose á su encuentro alzó sobre él la pesada maza. Inclinóse el barón para protegerse mejor con el escudo, al propio tiempo que paraba los golpes del furioso genovés, pero en aquel instante resbaló en un charco de sangre y cayó sobre cubierta.

He pasado el charco siete veces, estoy sin sangre, y ya me corresponde retirarme a descansar con doce. ¡Maldita sea mi suerte! El cesante más digno de conmiseración es aquel que sólo pide unos cuantos días más de empleo para poder reclinar sobre la almohada de las Clases Pasivas una frente cargada de años, de sustos y de servicios. iii

Por esto, rabioso y desesperado, anhelaba batirse en función campal, seguro de su destreza y costumbre de guerrear; y lamentando la estupefacción del General en Jefe, exclamaba: «Demos una batalla, y, aunque muera la mitad del ejército, la otra mitad conquistará un charco en que beber y un puñado de trigo seco que llevar a la boca

Un aullido espeluznante, al mismo tiempo que estallaba algo como una olla rota, y el joven caía de espaldas en el suelo. Juanón y Fermín, estremecidos de horror, corrieron hacia el grupo, viendo en el centro de él al muchacho, con la cabeza en un charco negro que crecía y crecía, y las piernas estirándose y contrayéndose con el estertor agónico.

Después de cenar en la borda, los tres hombres sacaron las muías y continuaron el viaje subiendo por el monte Larrun. Era la noche fría, comenzaba a nevar. En los caminos y sendas, llenos de lodo, se resbalaban los pies; a veces una mula entraba en un charco hasta el vientre y a fuerza de fuerzas se lograba sacarla del aprieto. Los animales llevaban mucho peso.

Se cambia de punto á capricho; tan pronto nos acercamos á una cascada, como descansamos en un charco tranquilo; aquí nos rozamos con el césped de la orilla, allá con el tronco de un sauce; se pasa de la obscura avenida, negra de sombra, á la superficie salpicada de luces que cae como lluvia á través del follaje.

Había llegado a los treinta y cinco años y la codicia del poder era más fuerte y menos idealista; se contentaba con menos pero lo quería con más fuerza, lo necesitaba más cerca; era el hambre que no espera, la sed en el desierto que abrasa y se satisface en el charco impuro sin aguardar a descubrir la fuente que está lejos en lugar desconocido.

Entonces, puedo asegurarte que el señor Laguna quedará siempre rana del pasado charco.

La sangre corría con tal abundancia, á pesar de los pañuelos que le ataron, que en breve se hizo un charco á su alrededor. Los niños, á cierta distancia, contemplaban con ojos de espanto y dolor la muerte de su fiel amigo. La respiración del Canelo era cada vez más fatigosa y anhelante: después se fué poco á poco amortiguando, escuchándose un estertor débil y profundo. Se le vidriaron los ojos.

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