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Actualizado: 28 de octubre de 2025


Y miró hacia la hoguera que calentaba el caldero, en torno de la cual se iban agrupando sus acompañantes para aprovecharse de su distracción. Sobre todo, gentleman, tenga cuidado mientras duerme. También le pueden matar durante su sueño. El gigante celebró otra vez con risas la simpleza de este consejo. ¿Cómo iba á guardarse á mismo mientras dormía?

Mi amigo es un necio, un caviloso, señora. ¿Apostamos a que por estas y otras imaginaciones ridículas va a dar en la flor de decir que no se casa? ¡Cómo! exclamó la dama . Mi hijo no será capaz de tal simpleza. , señora, seré capaz dijo D. Diego sin poder contener el ímpetu de sus celos. ¡Diego, hijo mío! , señora, lo que dice Gabriel es verdad, no quiero casarme, al menos hasta ver...

Díganme ustedes: ¿a España qué le va ni le viene en esto? ¿Por qué ha de estar todos los días cañonazo y más cañonazo por una simpleza? Antes de esas picardías que Marcial ha contado, ¿qué daño nos habían hecho los ingleses? ¡Ah, si hicieran caso de lo que yo digo, el señor de Bonaparte armaría la guerra solo, o si no que no la armara!

Nietos de corsarios y de soldados, al vestir la sotana guardaban la arrogancia y la ruda virilidad de sus ascendientes. No eran impíos, pues su simpleza de pensamiento no les permitía este lujo, pero tampoco eran devotos ni austeros: amaban la vida con todas sus dulzuras y sentían la atracción de los peligros con atávico entusiasmo. La isla era una fábrica de sacerdotes animosos y aventureros.

¿Y podré volver al cinema? añadió con ansiedad . ¿Me dejarán ver todas las noches á mi pequeño? Los dos hombres rieron de su simpleza, contestando con un gesto afirmativo. Salió de la Comisaría lentamente. No convenía que la viesen huir como el que tiene la conciencia sucia.

El señor Fermín y sus hijos penetraban sin darse cuenta en la familia del amo, hasta llegar a confundirse con ella. La simpleza del capataz, alegre e hidalga como la de todos los labriegos andaluces, le hacía captarse la confianza de los de la casa señorial.

Su alegría ruidosa, inmotivada, era realmente infantil; su inocencia para las cosas de la vida rayaba en simpleza. Tan sólo cuando se tocaba a su arte adquirían aquellos ojos una expresión grave, concentrada, y su palabra, por lo general incoherente, tomaba inflexiones profundas, se hacía precisa y enérgica. Había alquilado en la misma casa una guardilla donde modelaba libre y tranquilamente.

Trampeta miró al funcionario con la mezcla de asombro y de gozosa ironía que las personas de educación inferior muestran cuando oyen a las más elevadas decir una simpleza gorda.

Si hubieras sido , tampoco me habrías sacado los ojos. Que ... pillo... granujita. Vaya, no quiero saber más, no me cuentes más. ¿Para qué preguntas ? Si te digo que no la quería, te enfadas conmigo y tomas partido por ella... ¿Y si te dijera que la quería, que al poco tiempo de sacarla de su casa, se me ocurría la simpleza de cumplir la palabra de casamiento que le di?

Nosotros los plebeyos no podemos darnos el gusto de tener extravagancias como ustedes los aristócratas. ¡Adiós! Ya se enfadó D.ª Feliciana. ¡Buena tonta sería en enfadarme por una simpleza como ésa! Me parece que ya debía estar acostumbrada á sus ocurrencias. Nosce te ipsum, D.ª Feliciana. Usted está enfadada y no lo conoce. Meta usted la mano en el pecho y se hará cargo...

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