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Actualizado: 16 de octubre de 2025


Vencido por la fatiga y el insomnio, empezaba a dormitar, cuando un carmelita que lo advirtió, le hizo cosquillas con una pluma en la nariz, diciéndole: Piensa en la muerte, hermano. El gitano se despertó sobresaltado y lanzó una mirada terrible al santo varón. Más bien debe bendecirme, hermano dijo éste , porque ahí tiene usted al reverendo Pablo, superior de San Francisco, que viene a verle.

Leídos el jueves siguiente á dicha fiesta de la Asunción, en la abadía de Belmonte, ante el reverendo abad Fray Diego de Berguén y la comunidad reunida en capítulo.

Mientras padecía corporalmente, con el alma corroída y atormentada por alguna causa tenebrosa, y entregado por completo á las maquinaciones de su más mortal enemigo, el Reverendo Sr. Dimmesdale había ido alcanzado una brillante popularidad en su sagrado ministerio. En gran parte la obtuvo seguramente merced á sus padecimientos.

¡Cuánto tiempo perdido! dijo el filósofo, y avanzó por el agua hasta poder ser oído de los de la tartana : ¡Señor condenado, señor maldito! gritó con aire burlón , ¿ha olvidado usted que estas santas gentes no se acercarán si el reverendo, con su presencia, no tranquiliza las conciencias tímidas de estos corderos? Y volvió a unirse a sus compañeros que le maldecían.

Quiera nuestro venerado patrón San Benito concederos su gracia y dirigir nuestros juicios en esta ocasión, para el bien de la comunidad y para la mayor gloria de Dios. ¿Cuántos son los cargos dirigidos contra el novicio Tristán? Cuatro, reverendo padre, contestó el interpelado en voz baja y sumisa. ¿Los habéis enumerado y expuesto conforme lo manda nuestra santa regla?

El ministro había preguntado á Ester, con no poco interés, la fecha precisa en que el buque había de partir. Probablemente sería dentro de cuatro días á contar de aquel en que estaban. "¡Feliz casualidad!" se dijo para sus adentros. Por qué razón el Reverendo Arturo Dimmesdale lo consideró una feliz casualidad, vacilamos en revelarlo.

Sin embargo, todo esto, que de otro modo habría sido un dolor intenso, se había casi convertido para esta alma piadosa en un goce solemne, gracias á los consuelos religiosos y á las verdades de las Sagradas Escrituras, con que puede decirse que se había nutrido continuamente por espacio de más de treinta años. Desde que el Reverendo Sr.

Presidente Vocal, manifestándole el fin de ella, y el ceremonial dispuesto para el caso; y que se convoque igualmente á los tribunales todos y corporaciones, Reverendo Obispo, Cabildo Eclesiástico, Prelados de las Religiones, y Gefes de los cuerpos, á fin de que presencien el juramento que han de prestar los Señores Vocales electos en manos del Señor Alcalde de primer voto, de desempeñar bien y fielmente los cargos que se les confieren, conservar la integridad de esta parte de América á nuestro amado Soberano, el Sr.

Nuestros ilustres viandantes sólo figuran como meros observadores y las noticias que dan no difieren mucho de las consignadas en las relaciones de viajes del Reverendo Padre Agustino Fray Juan González de Mendoza, del nunca bien ponderado Fernán Méndez Pinto, del Padre Maestro Fray Domingo Fernández Navarrete, de la orden de predicadores, y de otros sinólogos, españoles y portugueses no pocos de ellos, sin excluir a don Sinibaldo de Más, nuestro antiguo amigo.

En la ligera conversación que tuvimos durante el café, supe que aquel reverendo padre hacia la friolera de cuarenta y siete años que arribó á estas playas. Mientras saboreó el café habló largamente con su criado, quien en su larga práctica de quince años que estaba á su servicio, debía conocerle perfectamente sus gustos y necesidades.

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