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Actualizado: 10 de octubre de 2025
Cuando se hubo guardado el dinero en el cinto, depositó su recibo en el fondo del bote, colocando la piedra exactamente sobre él, para que en ningún caso pudiera llevárselo el viento. Nada le quedaba que hacer allí. Ahora que se veía con más dinero para afrontar la existencia entre los hombres civilizados, deseaba salir cuanto antes del desierto.
Me dirigí rápidamente al punto donde me esperaba Sarto, y en el momento de tocar la orilla oí un penetrante silbido detrás de mí, al lado opuesto del foso. ¡Eh, Máximo! gritó una voz. Llamé a Sarto por lo bajo, cayó la cuerda en el bote y con ella até el cadáver. Después salté a la orilla.
Serian las dos de la noche cuando metí el bote á bordo, y me hice á la vela para el Rio Negro.
No sabíamos qué hacer: si echar a andar o esperar a que llegara la mañana. Por gusto, hubiéramos comenzado a marchar inmediatamente, pero nos retenía la esperanza de encontrar el bote visto el día anterior por Allen. Decidimos, por último, quedarnos, y estuvimos en aquel mismo sitio esperando a que se hiciera de día.
Los naturales las llamaban á la llegada de Magallanes, Laguas. El día 7 del mismo mes, desapareció un bote de la Capitana, por lo que y por otros robos que hicieron los naturales en los demás barcos, cambió Magallanes el nombre de las Velas Latinas por el de los Ladrones, que es como todavía las llaman los extranjeros en la mayor parte de sus cartas.
Mucha gente había pasado sin contestar al «¿quiere un bote?» con que el raquero interpelaba á todo el mundo, cuando apareció en escena un señor que, según dijo el pillastre, traía cara de flete. Usté, ¿quiere un bote pa dir á bordo? le dijo, como tenía por costumbre, así que le tuvo á su lado.
Varias aletas triangulares pasaron sobre el agua, cortándola como cuchillos, al mismo tiempo que la profundidad se ensombrecía con veloces sombras de ébano. Cuando al fin se aproximaron á la tierra, Ferragut vió la muerte más de cerca que en alta mar. La costa se elevaba como una muralla inmensa. Vista desde el bote, parecía cubrir la mitad del cielo.
La brisa marina es tan fuerte allí, sinembargo de la considerable distancia de la costa, que la vela es suficiente para hacer remontar un bote considerable, y el oleaje del rio toma proporciones semejantes á las de océano tranquilo.
Yo me quedé en este sitio, queriendo verlo todo, y para mayor disimulo ayudaba a unos amigos que echaban al mar una lancha de pesca. El cañonero envió un bote armado, y saltaron a tierra no sé cuántos hombres con fusil y bayoneta. El contramaestre, que iba al frente, juraba furioso mirando a El Socarrao y a los carabineros, que se habían apoderado de él.
Metiéndome por el agua, llegué hasta el ángulo del muelle y dije a los pescadores lo que pasaba, lo que me había dicho el atalayero. Se soltó el bote de salvavidas. Larragoyen y otros marineros fueron entrando, a pesar de los gritos de sus mujeres. A mí me miraban, como diciendo: ¿Qué irá a hacer éste? Salté al bote, y Larragoyen, con una galantería marina, me dijo que dirigiera yo.
Palabra del Dia
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