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Ahora se había enamorado con entusiasmos de jovenzuelo de una dama elegante y hermosa, de una extranjera que le hacía olvidar sus negocios, abandonar su barco y permanecer lejos, como si renunciase á su familia para siempre... Y el pobre Esteban, huérfano por el olvido de su padre, iba en busca de él con la impetuosidad aventurera heredada de sus ascendientes, y la muerte, una muerte horrible, le salía al encuentro en su camino.

En el círculo que formaban los más curiosos de los presentes, estaba la Baronesa de Börne, dama austriaca, gruesa y de baja estatura, la única de su sexo que había acudido a la villa, y que miraba fijamente a la extranjera, abrumando al mismo tiempo con sus preguntas a los criados, quienes no sabiendo qué contestar se mezclaban en los grupos a comentar lo ocurrido.

El joven hizo gestos de asombro y contestó con una voz lenta y algo torpe, que estropeaba las sílabas, dándolas una pronunciación extranjera: ¡Tanto tiempo!... ¿No nos hemos visto esta mañana? Ella remedó su acento al repetir sus palabras: ¡Tanto tiempo!... Y aunque así sea, gringo desagradecido, ¿le parece á usted poca cosa no haberse visto desde esta mañana?

La actitud de soberbio desafío de la extranjera, la certidumbre de que también ella debía estar afiliada al nihilismo, había predispuesto en su contra al juez de paz; pero toda la severidad de Ferpierre se acumulaba sobre la cabeza del Príncipe. Desde largo tiempo atrás conocía su reputación.

, pero en el regimiento se borran las distancias, y, rico o pobre, un oficial vale lo que otro... mientras que hoy el señor de Argicourt vive en sus tierras, rico y casado... con una extranjera según creo... Una americana del Norte... Que le ha hecho presentar la dimisión... Viven muy en grande según parece... Hacen la vida que exige su clase y la fortuna de su mujer.

Las noches que faltaba este socorro extraordinario, Maltrana, con la cabeza entre las manos, fingiendo leer una revista extranjera, seguía con mirada ansiosa las idas y venidas de don Cristóbal, el propietario del periódico, un buen señor francote y paternal, sin otras preocupaciones que su diario, la revolución que no llegaba nunca y el deseo de que reconociesen todos sus sacrificios por «la idea».

Y digo prodigios intencionalmente, porque en ningún país de Europa el hombre ha tenido que luchar con tantos obstáculos como en Suiza, donde el suelo es un cáos y la fertilidad poco notable, y donde la nacionalidad se ha visto amenazada siempre por vecinos poderosos en antagonismo constante. Los únicos artículos monopolizados en Suiza son: la pólvora y, en algunos cantones, la sal extranjera.

Como tengo tantos amigos en las Cortes de Europa, y en España mismo, pues... ya he sabido que las principales familias acogidas en Bayona o residentes en Madrid, se disputan la mano de mi hija. ¿La ha visto usted, Sr. D. Francisco? ¿Ha observado usted en su cara los rasgos que indican la noble sangre mía y la de aquella hermosísima cuanto desgraciada señora extranjera...? ¡Oh!, me enternezco, Sr.

El veterano echaba de menos los días en que, según él decía, jamás se compraba con oro ni tratados el paso por tierra extranjera, sino que se ganaba á punta de lanza ó se perecía en la demanda.

Llegado Berenguer Estañol á tomar el cargo y gobierno de nuestra gente, tuvo luego guerra con los Príncipes comarcanos, quando con unos, quando con otros; porque lo tomó por medio conveniente para conservarse en aquellos Estados, por ser cosa muy asentada entre los Catalanes, que han de ocuparse siempre en alguna guerra extranjera, por escusar las disensiones domesticas y civiles; que la ociosidad suele despertar en la fiereza de su natural.

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