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Actualizado: 26 de octubre de 2025
En cada barranco, en cada depresión del suelo, se verifica el mismo trabajo oculto, y el torrente del valle, alimentado por tanto riachuelo que baja de las alturas, reanuda su carrera, interrumpida por el frío invernal.
En estos últimos tiempos, el eterno Cóndor de los tiempos ha estremecido de tal modo mi cielo hasta en sus alturas, agrandando el tumulto producido por el pasaje y la huida de los años, y tengo tan obstinadamente los ojos fijos en el inquietante horizonte, que no me queda tiempo para mis dulces ocios.
Jamás lo dije en voz alta ni lo escribí en los periódicos para no descontentar a los Poderes públicos encargados de mantener el respeto hacia tales entidades: mas yo nunca creí que existiesen estos dos personajes, viejos como la substancia, rivales bonachones, que se pasan la vida haciéndose mútuas y amables perrerías, uno de barbas nevadas y túnica azul, vestido como el antiguo Zoroastro y habitando las alturas luminosas, en medio de una corte más complicada que la de Luis XIV; y el otro malhumorado y mañoso, ornado de cuernos, viviendo entre las llamas, imitación ridícula y burguesa del pintoresco Plutón. ¡No, no creo!
Figúrese el lector que está viendo á Paris en miniatura desde las alturas de Montmartre, desde el arco del Triunfo, y desde una orilla del Sena. =Dias octavo, noveno y décimo=. Dos dias de encierro. Provisiones. Los libros de mi mujer. Un español. Compras. Patriotismo de mi compañera. Carácter capital de las mujeres. Llueve á cántaros, y hemos invertido dos dias en asuntos privados.
Existe siempre, porque esta melancolía es la medula misma de la existencia. En buen hora que sean melancólicos los hombres de espíritu elevado dijo Reynoso y que la alegría sea patrimonio de los que no alcanzamos ciertas alturas. Pero creo que tenemos derecho a pedirles que no turben con su hipocondría nuestra vulgar existencia, que no nos agüen la fiesta.
Y, en efecto, al día siguiente, entre diez y media y once, salió de su casa y se fué por la orilla del mar á la de Antonio. Después de cerciorarse que éste había salido, subió por la estrecha y sucia escalera á las alturas en que habitaba. Y llamó á la puerta pálido y jadeante tanto por el esfuerzo como por la emoción.
Nota 1.ª El Padre Cardiel, en su regreso por la costa, tomó tres alturas, y ninguna cuando marchaba al Rio Colorado, porque no las expresa en su diario: y así la distancia de 70 leguas del Volcan al Arroyo de la Ascension, y cuatro leguas mas al S, son arbitrarias por estimacion, en que puede haber mucha diferencia.
Todo lo tuvo: genio, belleza, gloria y amor. Hasta conoció el orgullo de gobernar a los hombres... Pero a pesar de su egoísta felicidad, supo ver desde sus alturas, como nadie, las inquietudes y las ambiciones de los pobres mortales. Acuérdese de su héroe, amigo mío; haga memoria de cómo terminó su existencia... Fue un colega de usted, un colonizador.
Y, sin embargo, este hombre que a tales alturas intelectuales alcanzó, que sus artículos se leen ahora como si aún estuviera fresca la tinta con que fueron escritos; este hombre, cuyo escepticismo parece el resultado de larga y amarguísima experiencia; este hombre, cuyos artículos más insignificantes pueden todavía servir de inspiradores, si no de modelos, murió cuando aún estaba por llegar a la madurez, antes de alcanzar los treinta años.
Naturalmente, no me era permitida la esperanza de encontrar en aquellas alturas, a centenares de leguas del mar, un centro humano de primer orden. Iba con el ánimo hecho a todos los contrastes, a todas las aberraciones imaginables, y con la decidida voluntad de sobrellevar con energía los inconvenientes que se me presentasen en mi nueva vida.
Palabra del Dia
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