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Actualizado: 5 de octubre de 2025
¡Pobre sobrinita! Los hombres que aman una sola vez son más raros que el Pico de la Aguja Verde. Entonces, tío, el hombre es un animal indigno. Sin embargo, yo estaba más contenta que escandalizada, y no pedía más que poder aprovechar de la indignidad inherente a la naturaleza humana. Con todo, Juno es tan linda. Mira este puente que te gusta tanto, Reina.
Sorege podía hablar á su antojo; Lea no trató de interrumpirle ni una sola vez. Apoyada en la chimenea y con el codo sobre la guarnición, jugaba maquinalmente con una larga aguja de sombrero, de cabeza de oro incrustada de zafiros. Pinchaba con distracción el peluche de la chimenea y no parecía prestar la menor atención á lo que decía Sorege.
Porque si suponemos que el tiempo marcado es una hora, el espacio andado por la aguja de los cuartos de hora, es decir, la circunferencia de la muestra, no tiene mas relacion con la hora, sino la que ha dado el artífice al construir el reloj de tal modo, que en cada hora la aguja diese la vuelta.
Cuatro horas más tarde, un paquete, no teniendo respuesta, desprendió una chalupa que abordó al María Margarita. En el buque no había nadie. Las camisetas de los marineros se secaban a proa. La cocina estaba prendida aún. Una máquina de coser tenía la aguja suspendida sobre la costura, como si hubiera sido dejada un momento antes.
En las pequeñas poblaciones es cosa corriente que la joven de buena familia, sin dote o con uno muy pequeño, participe de la educación y de los placeres de las muchachas ricas: piano torturado, pintura profanada, fútiles trabajos de aguja de los que enseñan a una joven a apasionarse por lo superfino cuando no tiene siquiera lo necesario...
Nieves, pasando y repasando maquinalmente la aguja con que bordaba, por el cendal finísimo que cubría su bordado, y la vista perdida en el aire, dio a entender con un gesto y una leve sacudida de sus hombros, que lo mismo le daba.
Esta vez no fué sobre pintura, sino sobre arqueología. En Lancia había visto una capilla bizantina que le llamó mucho la atención por su pureza. No había en ella aún síntoma alguno de transformación. La catedral mediana. Sólo la torre era notable por su esbeltez. La aguja debía de ser, no obstante, primitivamente más alta, más elancé.
Sentóse cansado Corchuelo, y llegándose a él Sancho, le dijo: -Mía fe, señor bachiller, si vuesa merced toma mi consejo, de aquí adelante no ha de desafiar a nadie a esgrimir, sino a luchar o a tirar la barra, pues tiene edad y fuerzas para ello; que destos a quien llaman diestros he oído decir que meten una punta de una espada por el ojo de una aguja.
Pero la niña había mostrado desde su más tierna edad una vocación decidida y fervorosa por el estado de marquesa, y sus padres, como es natural, no quisieron echar sobre su conciencia el peso de contrariársela. Apenas sabía coger la aguja y ya se entretenía, con inocencia angelical, en bordar una corona más o menos torcida en el peto de sus delantales o sobre su almohadilla de costura.
Lázaro les vió á todos inmóviles, como figuras de palo: todos le miraban, excepto Clara, la cual insistía en acercar tanto los ojos á su labor, que era difícil comprender cómo no se sacaba los ojos con la aguja. Elías miró á Lázaro con asombro.
Palabra del Dia
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