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Este era su argumento supremo. La humanidad se dividía para él en personas decentes é indecentes, lo mismo que las naciones, y Alemania estaba excluída de toda decencia.

Me atrevo á decir: yo no lo quise, Dios nos ha hecho libres, y si yo hubiera podido dudar de esta verdad hasta entonces, aquel momento supremo en que el alma y el cuerpo, el valor y la cobardía, el bien y el mal se entregaban en tan patentemente á un combate mortal, aquel momento, repito, habría disipado para siempre mis dudas.

Pero ¿y esos genios de que acabas de hablar? ¿Esos genios, como todos los genios del mundo, contesto yo, no son la sociedad francesa; los genios no tocan al pueblo en donde nacen; un don del cielo no tiene otra cuna que el espacio que coge todo el cielo. El genio del hombre es como la luz de los astros: su pueblo es el orbe, la creacion entera, la obra del principio supremo, la patria de Dios.

Hizo un esfuerzo supremo para alzarse del asiento y lanzarse sobre el ladrón de su honra, consiguiolo a medias, y cayó al fin de nuevo, privado de sentido, torciendo la boca. Los tertulios se habían levantado todos y acudieron al gabinete. Las señoras gritaban aterradas. Los hombres preguntaban a los de dentro lo que ocurría.

Pero no era esto solo la consecuencia necesaria de la victoria de Carabobo; la Guaira se rindió el dia 2 de Julio, y mas tarde, el 11 de Octubre, segun disposicion de bloqueo que anteriormente habia dado el Presidente y jefe supremo del ejército al general Mariano Montilla, este tomaba la plaza de Cartagena.

Avergonzábase de su propia estupefacción y de lo que había admirado en su casa como supremo lujo. «¡Lo que es la ignoransia!» Y al sentarse lo hizo con miedo, temiendo que la silla crujiese rota bajo su pesadumbre. La presencia de doña Sol le hizo olvidar estas reflexiones.

No se hartaba el buen capitán de examinarlo todo y de hacer preguntas y preguntas, aspirando con ansia á penetrarse de aquel arte supremo, pero bien persuadido de que jamás lo lograría. Respondía el señor de las Matas con amable condescendencia y la misma convicción. Porque sabido de antiguo tenía que su primo era un excelente ganadero, pero nada más que mediano hortelano.

Este sublime pensamiento les edificaba de tal modo, que el conde de Cotorraso y algunos otros grandes propietarios que allí había, se sentían unidos eternamente al Ser Supremo por el vínculo sagrado de la propiedad territorial y se prometían combatir por ella heroicamente y oponerse en el Senado a toda ley que directa o indirectamente atentara a su integridad.

¡Ay! ... No verá el día que va a venir... Elena vaciló como herida del rayo y tuve que sostenerla un momento... Después se irguió, sin lágrimas, y me dijo angustiada: Si muere antes del día, no se cumplirá su deseo supremo... Usted lo ha oído; quiere morir en la fe cristiana... Lo he oído. En nombre del Cielo, Máximo, corra usted a la iglesia más próxima... Yo moví la cabeza.

Vino a posarse de nuevo sobre el barandal del balcón. ¡, estaba allí el Papagayo de Huichilobos, al alcance de nuestras manos, y no osábamos tocarlo! Contuvimos la respiración y no nos movimos durante largo espacio de tiempo, fascinados por el inesperado suceso. Con no qué supremo esfuerzo de la voluntad, el Padre Montero súbitamente procuró apresarlo.