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Actualizado: 13 de octubre de 2025
Cuando de nuevo vinieron á rogarle que empuñase el cetro respondió sonriendo: «No hablemos de eso. ¡Si hubieras visto las lechugas que produjo mi huerto este año!»... Mas yo no soy de tu temperamento.
El conde volvió los ojos hacia ella, y le dirigió una mirada larga y dura sin decir palabra. Isabel bajó los suyos con temor, y por debajo de las negras pestañas asomó temblando una lágrima. Aquella corta e insignificante escena me produjo mal efecto. Pareciome que el conde era un padre muy tierno sólo mientras no se tocase a sus gustos y placeres. Con perdón de ustedes, pelo la pava.
Deje usted andar, amigo; deje usted andar, que ya llegarán, dijo el flaco con voz sonora y profunda. Y metiendo la mano en el bolsillo, sacó un pequeño envoltorio que, por el sonido que produjo al ser puesto sobre la mesa, indicaba contener dinero.
Eso... ¡Ay, me puse mala cuando leí esa obra, de la gran impresión que me produjo! Se identificaba usted con los personajes, y vivía la vida de ellos. Exactamente. Lo mismo me ha pasado con María o la hija de un jornalero...».
¡La has visto? exclamó la marquesa sin poder disimular la impresión desagradable que éste súbito recuerdo de su hija la produjo en la conciencia. La he visto, sí. ¡Qué hermosa, qué angelical está!... Me preguntó si sabía por dónde andabas; si estarías ya en Madrid; si te vería pronto yo... Y tú ¿qué la respondiste?
Tenían las esterillas del petate la ventaja de servir de mortajas en caso necesario: cuéntalo Gonzalo Fernández de Oviedo, que con ser persona de calidad no había tenido excepción en la regla, en estos términos : «Queriendo un marinero aprovecharse del serón de esparto que allí estaba debajo de un colchón en que yo iba echada, le dijo el criado: «no tomes el serón, que ya ves que el capitán está muriéndose, e muerto, no hay otro en que envolverlo y echarlo á la mar;» lo cual oí muy bien y sentándome en la cama muy enojado, dije: «sacad el serón, que no tengo de morir en la mar, ni quiera Dios que me falte sepultura en tierra.» En efecto, empezó desde entonces á mejorar, reaccionado con la indignación que le produjo aquel deseo de heredarle en vida.
Este lance desgraciado causó una penosa impresión en don León por tratarse de dos amigos igualmente queridos, y bajo el sentimiento que le produjo escribió la composición que he mencionado, donde menudeaban los signos de admiración, los puntos suspensivos, las amargas reflexiones y los gritos de dolor, todo ello sostenido en un tono severo y digno, como el de las elegías clásicas.
Adivinó Ferragut que todo lo dicho era para llegar á este ruego final. La inesperada demanda le produjo una impresión de asombro y escándalo. ¿Huir con ella, que tanto daño le había causado?... ¿Unir otra vez su vida á la suya, conociéndola como la conocía?... Era tan absurda la proposición, que el capitán sonrió de un modo lúgubre.
Esta explicación me produjo la fastidiosa sensación, que causan los mosquitos rondando alrededor de nuestros oídos cuando dormimos: nos incomodan sin turbarnos completamente el sueño.
La menor frecuencia en el trato produjo un efecto contrario al que D. Fruela deseaba. En las mentes candorosas de él y de ella se trocó en adoración el afecto, y se iluminó y hermoseó con las galas y el esplendor de los sueños la imagen de la persona querida. Así llegaron ambos a cumplir catorce años.
Palabra del Dia
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