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Actualizado: 4 de enero de 2026


Esa mujer no volverá aquí. ¿No me abandonó? Pues que siga su camino. Te abandonó a impulsos de ese instinto que llevan en todos los seres sanos: el instinto de la conservación de la especie, que embellece la poesía llamándolo amor.

Y estas manos van, vienen, saltan, vuelan sobre el encaje, cogen los bolillos, mudan los alfileres, mientras el dedo meñique, enarcado, vibra nerviosamente y los macitos de nogal hacen un leve traqueteo. De rato en rato, Pepita, o Lola, o Carmen, se detienen un momento, se llevan la mano suavemente al pelo, sacan la rosada punta de la lengua y se mojan los labios... Y así hora tras hora.

Como todos los capitanes que llevan muchos años en un barco, él había navegado casi siempre en aquél, sabía lo que daba de su Asia, y no le pedía más. Conocía el mar de la China como pocos; lo que no sabía lo adivinaba. Wilkins era un ejemplo de lo que puede llegar un hombre cuando pone su inteligencia y sus sentidos en una especialidad.

Henos aquí refugiándonos en las costumbres; no todo ha de ser siempre política; no todos facciosos. Por otra parte, no son las costumbres el último ni el menos importante objeto de las reformas. Sirva, pues, sólo este pequeño preámbulo para evitar un chasco al que forme grandes esperanzas sobre el título que llevan al frente estos renglones, y vamos al caso.

Además, como la violencia y la exaltación son causa constante de sufrimiento, de malestar físico y moral, se juzga con razón que los hombres de tal temperamento llevan en mismos el castigo de sus demasías. Gabino Maza no era aborrecido ni excesivamente amado.

Después que vemos á Fernando con toda la majestad de un caballero, consagrado á Dios, siente que sus fuerzas terrestres le abandonan; ya no puede acercar á sus labios el pan que le ofrece uno de sus compañeros de sufrimiento, y se lo llevan para enterrarlo con el traje de su orden, con arreglo á sus deseos.

Por lo que he leído en algunos libros que trajo el viejo sabio compañero de Eulame, que las mujeres han llevado en la tierra de los gigantes, y tal vez llevan todavía, una existencia deplorable.

Temió Leto que esta aclaración de las otras dos hipérboles sonaran demasiado recio en los oídos de Nieves, y se apresuró a decirla: La ruego a usted que no a estas palabras otro alcance que el muy modesto que llevan: las mayores bondades de usted conmigo no harán jamás que yo confunda los puestos ni las distancias: desde el suyo humildísimo goza el más pobre de la tierra los beneficios del sol y del aire que le dan la vida... No si habrá acabado usted de comprender lo que he querida decirla.

Ellos los dejan salir solos a sus necesidades, los llevan a oír misa, aun a los homicidas, de modo que no se va el que no quiere. Todos los días clásicos y de función se visten de gala con los vestidos que tiene el pueblo para estas funciones.

No llevan collares de oro, Ni carabanas de perlas, Ni relucientes sombreros, Ni corbatines de seda: Humildes son los vestidos Que las mujeres ostentan; Y bajo pieles curtidas Y de ponchos de bayeta Aquel rústico gauchage Alma independiente alberga. Como el tosco ñandubay Bajo su áspera corteza Roba á la vista del hombre Del corazon la belleza.

Palabra del Dia

perneta

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