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A don Fermín le quiero con el alma, a pesar de su amor, que acaso él no puede vencer como yo no puedo vencer la influencia de Mesía sobre mis sentidos; pero de no amar al Magistral de modo culpable estoy bien segura. , bien segura. Debo huir del Magistral, , pero más de don Álvaro. Su pasión es ilegítima también, aunque no repugnante y sacrílega como la del otro.... ¡Huiré de los dos!».

Las cosas de á fuera, que se presentan á nuestros sentidos, se llaman objetos sensibles. Quando se aplican á los órganos de los sentidos, ya sea por mismas, ya por partículas que de despiden, hacen empujo, ó impresion en ellos.

Además, que mis estudios y meditaciones sobre todos los secretos de la madre Naturaleza y mi asídua investigación acerca de los seres más menudos y casi incorpóreos, han aguzado de tal suerte mis sentidos, que veo, toco y oigo lo que por ingénita y grosera rudeza del sentir no notan ni descubren los otros mortales.

Pero bien sabía que no había de pasar, que esa impresión se grabaría en mis sentidos y en mi corazón con letras de fuego, que la llama de ese instante retemplaría mi corazón durante más de una larga y fría noche de invierno, esa llama que no era sin embargo sino el reflejo de su amor por otra. Sabía todo eso y me parecía que me iba a ahogar bajo el peso de ese pensamiento.

Este fenómeno no es fácil explicarlo, sino apelando á causas orgánicas que en determinadas ocasiones, producen en el alma el mismo efecto que las impresiones de los sentidos externos.

Ninguna idea mala en lo material, ninguna sugestión del espíritu maligno turbó entonces mi razón, ni logró inficionar mi voluntad y mis sentidos. Lo que se me ocurrió fue un argumento para invalidar, al menos en , la virtud de esa cautela.

Dos suertes de conocimientos tiene el hombre para alcanzar las cosas: uno por los sentidos: otro por la razon. Conocemos á Dios por los sentidos de esta manera: vemos que en todo lo corporeo que se presenta á ellos no hay cosa ninguna que exîsta por sin venir de otra, de modo que á la que de nuevo exîste llamamos efecto, y á aquella de donde este dimana, llamamos causa.

PELAYO. Aun no lo sabe Bien, que con un cucharón, Si la pecilga un garzón, Le suele pegar un cabe Que le aturde los sentidos; Que una vez, porque llegué A la olla, los saque Por dos meses atordidos. D. TELL. ¿Y vos? PELAYO. Pelayo, señor. D. TELL. No hablo con vos. PELAYO. Yo pensaba, Señor, que conmigo habraba. D. TELL. ¿Cómo os llamáis? LEONOR. Yo, Leonor.

La divergencia de las vocaciones personales imprimirá diversos sentidos a vuestra actividad, y hará predominar una disposición, una aptitud determinada, en el espíritu de cada uno de vosotros. Los unos seréis hombres de ciencia; los otros seréis hombres de arte; los otros seréis hombres de acción.

La misma naturaleza enseña á todos los hombres, si quieren ser atentos en observar lo que pasa en su interior, que nada hay en su entendimiento que no haya tomado ocasion de los sentidos. En el exercicio de la Medicina tenemos todos los dias motivo de asegurarnos de esto en las varias suertes de males, en que se dañan los sentidos, y la razon.