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El general Angereau, que mandaba las tropas francesas, cesó el tiroteo junto a las mismas puertas de la ciudad; el alcalde capituló, dejando tiempo bastante a las tropas francesas para retirarse, lo cual verificaron por la puerta de la Guillotiere, al mediodía de la ciudad. Ni el menor desorden hubo en Lyón.

El guerrero gascón acogió aquella alusión del príncipe con avinagrado gesto y no hizo mejor gracia á los caballeros gascones que rodeaban á Captal de Buch, pues les recordaba que la única vez que habían atacado á las tropas francesas sin el auxilio de Inglaterra les había tocado en suerte completa derrota.

Ya se bastardea con lo que toma y remeda de las danzas francesas é italianas, ya se corrompe y se impurifica con esto que no por qué llaman flamenco. Yo recuerdo todavía con retrospectiva admiración á cierto bailador llamado Ruiz, y á su gallarda, bella, modosa y noble hija Conchita. ¡Qué majestad, qué decoro, qué distinción y qué gracia cuando ambos bailaban juntos el bolero!

Este género de literatura, que floreció tan gloriosamente en España, se descuidó por el teatro, desde mediados del siglo XVII, y sólo ha renacido recientemente, pugnando por competir con las novelas francesas e inglesas, que son en el día las más celebradas, y con las novelas rusas y de otros pueblos del Norte, que van poniéndose muy de moda.

Pero, aun después de la fecha indicada, florecieron muchos coetáneos de Calderón, más jóvenes que él, que en nada disminuyeron la importancia del teatro nacional español, y hasta otros poetas de la nueva generación que le siguió, alcanzaron al siglo XVII. Hay razones, por tanto, para prolongar este período, de que tratamos, hasta dicho siglo, y fijar el principio del nuevo, en la época en que aparecieron las doctrinas literarias francesas.

Nadie da crédito a la firma de un cantor. ¡No sea loco!... ¡Todas las gentes de pluma son lo mismo! Manzanares, estoy contento de vivir. Me siento más joven... Usted también parece que se remoza. Ayer le pillé en conversación con una de esas francesas. Estaba apoyado en la baranda, mirando al mar, pero hablaba con ella al mismo tiempo en voz baja, como quien no hace nada.

Otras irán a las costas del Pacífico, al Paraguay o al corazón de Brasil a continuar su vida de ahorro. Sonrió después maliciosamente, designando una mesa junto a la entrada. Es la mesa de «la cuarentena»; y la llamo así porque en ella encorrala el mayordomo a todo el pasaje sospechoso. Ahí están las cocotas francesas, tan dignas, tan modositas, tan bien criadas.

Sin querer imitar a nadie, espontáneamente, hasta contra nuestra voluntad, hasta cuando nos empeñamos en ser o en aparecer como de otro siglo o como de otra época, somos por virtud de leyes ineluctables, de nuestra época y de nuestro siglo. Supongamos por un instante que no hay esas novelas francesas y rusas que el Sr.

Todas las baterías francesas habían abierto el fuego. La montaña tronaba incesantemente: se sucedían los rugidos de los proyectiles; el horizonte, todavía silencioso, se iba erizando de negras columnas salomónicas. Los dos reconocieron que se estaba muy bien en este refugio, semejante á un palco de teatro... Alguien tocó en un hombro á Lacour.

Eran los camarotes de las francesas, señoritas ordenadas y de buenas costumbres, que se acostaron sin presenciar el baile y estaban durmiendo con la honrada tranquilidad de un industrial en vacaciones. «Cien marcos», proponía uno. «Quinientos cincuenta», insinuaba otro, enfurecido por el silencio. «Mil... Dos mil...» Los dejamos soltando cifras ante las puertas obscuras e inmóviles.

Palabra del Dia

esopo

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