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Actualizado: 18 de octubre de 2025
Dímelo todo, como á un padre.... Esa joven ... encantadora si es como tú la has pintado ... ¡Ay! sé muy bien cómo logras los parecidos ... esa joven ... ¿te ha gustado? ¡Oh! sí, mi querido padrino, exclamó Mauricio con fuego. Si usted supiera hasta qué punto es bonita, dulce, sencilla.... ¡Eh! todo lo que tú quieras ... un ángel. Un ángel, sí, padrino....
Pensó no ver nada y vio algo que de pronto le impresionó, una mujer bonita, joven, alta... Parecía estar en acecho, movida de una curiosidad semejante a la de Santa Cruz, deseando saber quién demonios subía a tales horas por aquella endiablada escalera.
Llegamos a la señorita Fernández. ¡Esa sí! exclamó la buena señora. ¡Esa sí me gusta! ¡Tan bonita, tan inteligente, tan buena, tan sencilla! Es rica, y tiene la sencillez de una pobre; es inteligente e instruída, y no hace alarde de ello; es hermosa, y no está pagada de su belleza. ¡Ay Rorró! agregó después de elogiar con mucho entusiasmo a la niña. Es una perla. Así quiero una mujer para tí.
De vez en cuando procuraba verter alguna frase bonita para que éstos la reprodujesen en su diario y las gentes se admirasen de mi valor. Llegó por fin el instante terrible de emprender la marcha hacia la muerte, y yo la emprendí con la mayor sangre fría.
Constituían la única verdadera diversión de las dos muchachas huérfanas las cortas temporadas que pasaban en Buenos-Aires, en las casas de sus parientes. Pero nunca quisieron, especialmente Laura, prolongar esas ausencias, por no dejar largo tiempo solo a Adolfo. Laura no era bonita.
En suma, miró instintivamente a que todos los pormenores de tocador concurriesen a hacerla parecer más bonita y aseada, sin que se trasluciera el menor indicio del arte, del trabajo y del tiempo gastados en aquellos perfiles, sino que todo ello resplandeciera como obra natural y don gratuito; como algo que persistía en ella, a pesar del olvido de sí misma, causado por la vehemencia de los afectos.
Esta bonita ciudad, capital de la provincia de Guipúzcoa, cuenta cerca de 16,000 habitantes; es de una singular regularidad á causa de su moderna reconstruccion, pues fue destruida por las tropas hispano-inglesas, en 1813, en la guerra contra Napoleón.
Y eras tú, chavala; tu voz de oro fino que gorvía loquita a la gente. «Es la chica del capataz de Marchamalo», decían a mi lao. «Bendito sea su pico: es un riuseñor». Y yo me ajogaba de pena sin saber por qué; y te veía delante de tus amigas, tan bonita como una santa, cantando la saeta, con las manos juntas, mirando al Cristo con esos ojasos que paecen espejos, en los que se veían toos los cirios de la procesión.
Veamos: un hongo claro... Bien, me parece muy bien. A buen gusto nadie le gana. Botas altas... ¡Hombre, qué elegantes! Vaya un pie: ya querrían muchas mujeres... Corbatas: dos, tres... Mira, Obdulia, qué bonita esta verde con motas amarillas. Un cinturón que parece un corsé faja. Bueno debe de ser esto para evitar que crezca el vientre... Y esto ¿qué es?... ¡Ah! espuelas.
¿Qué se te ocurre? respondió otra joven, saliendo de uno de los cuartos del patio. El señor Sanjurjo, un amigo de Villa... ¡Ah! Tengo mucho gusto... Me pareció más amable y más bonita que las otras dos. Era también rubia y de ojos azules, un poco más rellena de carnes, y de fisonomía dulce y simpática.
Palabra del Dia
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