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Había recordado aquellas palabras que le había dicho poco antes la duquesa de Gandía: «sucede... sucede mucho... lo que pasó anoche en palacio...» y una relación misteriosa, terrible, se había establecido en la imaginación del duque, entre aquellas palabras de la duquesa, y las que acababa de oír, vagas, reticentes, respecto á la reina, al cocinero de su majestad.

El afán de goces, el apetito y sed ardiente de satisfacciones materiales que tan grande parte tenían en el ser moral de Mariano, y que habían de tenerla mayor cuando fuera hombre formado, se objetivaban, valga la palabra, en el hijo de D. José Relimpio. Aquellas pasiones vagas siempre cristalizan, por decirlo así, en envidia, que es unipersonal y antropomórfica.

Pero apenas el conde, muy entusiasmado, hubo dicho unas cuantas galanterías triviales, la joven le disparó a quemarropa y en voz tan clara que todo el mundo lo oyó: A propósito, el capitán Raynal no ha recibido invitación, ¿sabe usted? Desconcertado por aquel ataque imprevisto, el conde balbució algunas palabras vagas.

Me ha jurado que jamás ha oído poner en duda la perfecta corrección de Luciana y me ha aconsejado seriamente que desprecie las denuncias bajas y vagas que no se apoyan en nada, y que no ponga mi dicha a merced de cualquier miserable. Pero Sofía Jansien, sus medias palabras subrayadas con la mirada y con la sonrisa... ¡Bah! Una mujer envidiosa de la belleza de Luciana... y ligera.

Separada, por su timidez, de las compatriotas elegantes que venían en el buque, habíase unido con un afecto familiar a su compañera de camarote, «esta buena señorita», «esta pobre niña», que marchaba a un país desconocido sin más apoyo que vagas recomendaciones. Isidro, que conocía a Conchita de Madrid, se alarmó un tanto al verla en continuo trato con la inocente señora.

En ella, sin embargo, predominaba el amor a la poesía, sobre todo, cuando tenía por objeto el examen de lo íntimo del alma propia para sondear sus misteriosos abismos y buscar y hallar luego en el lenguaje humano la expresión adecuada de sus ensueños, anhelos y vagas creencias y esperanzas.

Pero en la expresión de las miradas del ministro había algo que hizo retroceder al magistrado, aunque no era hombre que fácilmente cediese á las vagas intimaciones de otro. Entre tanto la multitud contemplaba todo aquello con temor respetuoso y admiración.

Habían pasado muchos meses, y el tabernero conmovíase aún recordando el suceso. Me lo trajeron a casa en hombros, señor Juan, lo mismo que a usted lo han llevado muchas veces, aunque sea mala la comparación. Ya ve usted si valdrá el chico... Sólo le falta un arrimo: que usted le eche una mano. Y Gallardo, para librarse del tabernero, le contestaba con vagas promesas.

Estas angustias del tío Barret por satisfacer su deuda sin poder conseguirlo acabaron por despertar en él cierto instinto de rebelión, haciendo surgir de su rudo pensamiento vagas y confusas ideas de justicia. ¿Por qué no eran suyos los campos?

Pasaba un año, dos, y nada; ni aun siquiera esas presunciones vagas que hacen palpitar el corazón de las que sueñan con la maternidad, y a veces les hacen decir y hacer muchas tonterías. «No tengas prisa, hija decía Barbarita a su sobrina . Eres muy joven.

Palabra del Dia

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