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Actualizado: 10 de octubre de 2025
Los pasajeros con destino a Montevideo desfilaban por una escala especial hasta un vaporcito de amplia cubierta. Todas las damas de la opereta bajaron estos peldaños de madera con el gesto majestuoso de una reina de teatro que desciende por una escalinata de cartón. Las «estrellas» de la compañía avanzaban entorpecidas por los grandes ramos que les había enviado el empresario a guisa de saludo.
En aquel momento D. Juan Nepomuceno se presentó en el despacho con un saquito de dinero entre las manos; saludó a Reyes con solemnidad, y se puso a contar pesos fuertes sobre la mesa; se trataba de la renta de la Comuña, una casería que entregaba limpios todos los años cuatro mil reales.
El Ministerio de Obras Públicas lo había enviado como representante administrativo á las obras de la Presa, y él era el encargado de pagar al contratista Pirovani las sumas debidas por el gobierno. Después que saludó á Watson se dió una palmada en la frente y quiso retroceder, mirando al mismo tiempo sus papeles.
Aseguro a usted que me complacería mucho procurando trabar amistad con ella... Ya sabe usted lo que es Lacante para mí. ¡Hacerme amiga suya! exclamó. Enséñeme usted entonces por dónde hay que tomarla. Estábamos ya muy cerca de Elena, quien nos conoció y nos saludó con un gran ramo que traía en la mano.
La vieja saludó con un gruñido a Jaime, que asomaba la cabeza para despedirse.
En ambos casos Ni deja de ser drama ni deja de ser vida. Nace el niño. Y su primer saludo es un llanto inconsciente; ni siente lo que llora ni llora lo que siente. Pero en los huecos que egoísta deja el reir y llorar de su niñez, deposita la mano del destino la pólvora dormida, y la oculta alegría que explote en la tragedia y en la comedia ria.
Está bien, mi general. Cuando el comandante Ramírez, después de hacer su saludo, salía por la puerta del despacho, el brigadier volvió a llamarle. Oiga usted, Ramírez, ¿cómo le he dicho que trajese a los presos? Amarrados codo con codo, mi general. Perfectamente. Vaya usted con Dios.
También se le pasó por la imaginación decir a la Regenta que era poco edificante la conducta de aquella muchacha. Pero todo era prematuro. Por ahora se contentó con despedirla con un saludo señoril, cortés, pero frío.
La víspera de la fuga, había pasado toda la noche escribiendo. Sabía que no podía enviarle más que una palabra de saludo, pero había escrito toda la noche. A bordo un sueño penoso, una grave pesadilla lo había abrumado.
Saludó Rafael a su madre y a don Andrés, que aún quedaban a la mesa saboreando el café, y salió del comedor. Al verse en la ancha escalera de mármol rojo, envuelto en el silencio de aquel caserón vetusto y señorial, experimentó el bienestar voluptuoso del que entra en un baño tras un penoso viaje.
Palabra del Dia
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