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Actualizado: 9 de octubre de 2025
Era algo como la muerte, que todos sabemos que vendrá a su hora; pero la vemos tan lejos... ¡tan lejos!... Guardaba cierta calma cuando el viaje era sólo un motivo de conversación; pero ahora era una realidad, un hecho que iba a ocurrir dentro de unas horas, y no podía resignarse. Y no te veré, Fernando; ¡piénsalo bien!
«¿Dónde no ha estado esta mujer?... pensaba . Parece haber vivido mil existencias en pocos años. Es imposible que todo eso haya podido ocurrir en los tiempos de su marido, el personaje ruso.» Si intentaba explorar á su amigo para adquirir noticias, la fe de éste en el pasado de su mujer era como una muralla de credulidad, dura é inconmovible, que cortaba el avance de toda averiguación.
D. Álvaro de Sande acudió con arcabuceros á la playa con el fin de proteger á los muchos que, desnudos, llegaban nadando, mientras el Duque, Juan Andrea y el Comendador de Guimarán conferenciaban acerca de lo que se hubiera de hacer, sin ocurrir á los dos últimos otra cosa que salir como se pudiera de la isla.
Luego hizo una rebusca entre los objetos amontonados en la barca después del registro realizado por la marinería de la escuadra del Sol Naciente, y encontró una pequeña caja de cigarros que él había tomado en su camarote al ocurrir la voladura del paquebote.
Así suele suceder todas las semanas contestó Artegui con afable burla. No me entiende usted. Pues explíquese. ¿Qué se le ocurre? ¿Qué se me ha de ocurrir sino ir a misa como todo el mundo? ¡Ah! exclamó Artegui. Y después añadió : Pues es cierto. Y quiere usted.... Que usted me acompañe. No he de ir sola a misa, me parece.
Necesitaba saber cómo había sido su desgracia, conocerla detalle por detalle, rebuscando entre las palabras inmóviles y secas del telegrama la vibración de aquella catástrofe, sin interés para el resto de los humanos, pero la más grande que podía ocurrir en el mundo para la madre y para él.
El poeta, al dirigirse al público al final de la comedia, asegura que «está tomada de un suceso verdadero.» Hubo de ocurrir, pues, con arreglo al argumento, en la primavera de 1581, durante el viaje á Lisboa de Felipe II para ser coronado en ella; sin embargo, ni Luis Cabrera, en su Vida de Felipe II, ni Leti y Watson dicen nada de esto.
Cree haber nacido para vivir en lo más alto, y la desgracia se complace en hacerla caer... Nada tiene de extraño que sea mala, faltándole el consuelo de la modestia y la resignación. Pareció asustarse el español al considerar lo que probablemente podía ocurrir en la Presa después del suceso de aquella mañana.
Lo más que podrá ocurrir, será que con su desdén orgulloso abatan y hundan en la abyección a los pueblos de que se enseñoreen, y que tal vez, predicándoles y enseñándoles doctrinas religiosas contrarias a la fe católica, sin el esplendor artístico y sin la pompa de sus ritos y con un concepto tremendo y duro de la justicia divina, no templada por la misericordia, entristezcan y desesperen a sus catecúmenos y los hagan morir de aburrimiento.
Aunque me había dejado usted adivinar algo esta mañana, no podía yo sospechar en modo alguno la realidad. ¿Y usted? agregó, acompañándola hasta su asiento. Dígame: ¿Cuándo podré felicitarla yo a usted? ¿Felicitarme a mí? ¿De dónde saca usted que pueda ocurrir tal cosa? ¿Es posible que llegue nunca ese caso? Sí, Antoñita; casándose usted.
Palabra del Dia
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