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No, porque no acepto mi martirio. Además, hay momentos en que me bañaría en sangre. En sangre de traidores. Indudablemente... ¡pero soy tan desgraciada!... Demasiado, señora. Hoy no... hoy soy casi feliz. Quiera Dios, señora, completar esa felicidad y aumentarla. Sentáos, fray Luis, sentáos, quiero hablaros mucho y no quiero fatigaros.

Y lo que me causó más tormento fué un género de paja que allí había, de dientes tan agudos como de sierra, que me desolló los muslos y piernas, de que aún tengo ahora las señales, y duró este martirio más de media legua

Esta pasión era el amor al despotismo, el odio á toda tolerancia, á toda libertad; era un realista furibundo, atroz, y su fanatismo llegaba hasta hacerle capaz de la mayor abnegación, del sacrificio, del martirio. Su carácter era apasionado por naturaleza, aunque los asiduos estudios le habían comprimido y desfigurado.

Pero esto es superior a sus fuerzas, y esa misión rehusará cumplirla; ¡no! ni por el amor a María Teresa, desempeñaría ese oficio; sería demasiado doloroso. Si se exige eso de él, recurrirá a Jaime, su amigo, su hermano, que le evitará ese martirio.

La regla me recomienda paseo, mucho paseo, unas cuantas horas de ejercicio sin pensar en las cosas santas. Otro señor sacerdote reformó el primer papel, ordenándome aún más horas de paseo; toda la tarde en el campo. Dicen que de no hacerlo así puede turbárseme la cabeza y el demonio me dará martirio con sus perversas tentaciones.

Si en la existencia de los que corrieron al martirio había algo ridículo o absurdo, ella no lo notaba, dispuesta y preparada por Tirso a percibir sólo el aroma de las virtudes que aquellas narraciones exhalaban.

I no solo se burlaban los judíos de aquellos verdugos de corona i sotana, sino que se hacian señas unos á otros para mantenerse firmes en su lei, i sufrir con valor la muerte, i martirio que les eran destinados.

Maxi se ponía tan nervioso, que a veces tenía que salirse de la cama y del cuarto. Lo que más le incomodaba era que a la mañana siguiente el cura sostenía que no había dormido nada. Indicó a doña Lupe que le librara de este martirio poniendo a Nicolás en otra habitación. ¿Pero dónde, si no había más aposentos en la casa?

Querría librarse de su propio martirio, y, cogiendo la mano de Martín, le dice desde el fondo del corazón: ¡Oh! ¡todo marchará bien, todo se arreglará! ¿Por qué no? balbucea el otro. Menea la cabeza, fija un instante sus miradas delante de él, con la frente pensativa, y después, con expresión contrariada: Vete a dormir, Juan. La rueda rota está dando vueltas en tu cabeza.

No hay duda que para mirar con indiferencia correr la sangre se requiere aprendizaje, asintió Simón, después de reirse de la irrespetuosa salida de su recluta. Estos religiosos extranjeros me parecen gente muy santa, observó Roger, pues de lo contrario no se impondrían tan cruel martirio en satisfacción de pecados ajenos.