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Actualizado: 10 de octubre de 2025
Los escasos habitantes de la costa le habían visto aproximarse, poco antes de la puesta del sol, en su bote, más enorme que los mayores navíos del país. La alarma había sido dada al interior, llegando la noticia á los pocos minutos hasta la misma capital da la República.
Sigámosles ahora por el Muelle. En la última rampa se embarcan en un bote que se dirige en seguida á la fragata que aún no ha contemplado Andrés más que de lejos, sin que por ello la haya perdido de vista un solo día desde su llegada á Santander; por consiguiente, no ha podido formarse todavía una idea exacta de lo que ella es.
Ahora, yo remaré dijo Recalde ; tú no hagas mas que ir achicando. Era tiempo, porque el bote iba haciendo agua; tenía yo los pies y los pantalones mojados. Me puse a trabajar con el achicador, con brío, y conseguí que el nivel del agua dentro del bote disminuyera muchísimo. Pensábamos dar la vuelta al monte Izarra y atracar en la punta del Faro. Cuando se cansó Recalde de remar, le substituí yo.
Al llegar á la estación supo la verdad; se enteró del suceso al que había aludido el comerciante mientras iban en el bote. ¡Era la guerra!... Italia había roto sus relaciones el día anterior con los Imperios centrales. Ulises se sintió agitado por la inquietud al recordar lo que había hecho en pleno Mediterráneo.
Y sacando un brazo fuera del bote, dejó caer la caja de cigarros. Flotó sobre el agua unos instantes, y luego se fué al fondo bajo el peso de alguien que acababa de arrojarse sobre ella. Era Ra-Ra, que había saltado fuera de la embarcación para abrazarse al féretro, desapareciendo con él.
Cogió la batelera los remos, atravesó la bahía, amarró el bote y desapareció allá entre los árboles. Mientras tornaba con la respuesta, nuestro joven se fue a hacer una visita al capitán del vapor y al piloto de las peteneras.
Y desde la orilla opuesta oí el coro de una canción de amor. Dejando a mi víctima en el bote, me volví hacia la «Escala de Jacob.» Tenía poco tiempo disponible. Además, de un momento a otro podían venir a relevar al centinela. Inclinándome sobre el tubo, lo examiné desde el punto en que proyectaba del agua hasta su extremidad superior, que parecía hundirse en el macizo muro.
El canal termina entre manglares para perderse en las ondas cristalinas de la bahía, sumamente prolongada hácia el interior; la brisa del Atlántico sopla con vigor; la ancha vela del bote se desplega y flota de proa á popa; el horizonte se ensancha; las aguas toman el olor, el color y la aspereza de las aguas marinas; los remos dejan de agitarse; el tiburon persigue implacable á ejércitos de peces primorosos; las colinas de la costa se ofrecen á la vista; se siente el sordo y lejano mugido del mar; el mundo de las selvas acaba, el del abismo infinito comienza; y al fin, surcando una bahía de admirable belleza, que ensancha el corazon y da la primera nocion de la majestad del Océano, el viajero ve á Cartagena, bella, melancólica, romántica, sentada entre dos bahías, como una garza nadando en el Atlántico; y el Colombiano, el Granadino, amante de la libertad y de las glorias de un pueblo heróico, no puede menos que levantar la voz y saludar á la vieja y noble ciudad, diciéndole con el arrebato de la admiración; «Salve, gloriosa Cartagena, tierra del heroismo supremo y la abnegacion, cuna de poetas y mártires, sepulcro arrullado por las ondas, escombro de la opulencia que fué para no resucitar sino en un lejano porvenir!»
La voz del patrón de alto los remos, y la dada por el que mandaba el bote de safa escalas, indicaron la faena de atracar, difícil en extremo por lo terso de la roca, cuyo perpendicular tajo descansaba en un acantilado fondo sobre el que pesaban dos varas de agua. Estábamos bajo la peña.
No nos pudimos dar cuenta de lo que ocurría. Nos asomamos a la borda. El Cachalote estaba hundido, sujeto a la amarra. Sin duda, al chocar el bote con alguna piedra, se había abierto. ¿Qué íbamos a hacer? ¿Cómo volver a Lúzaro?
Palabra del Dia
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