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Actualizado: 16 de octubre de 2025
Síguenla las de derecho y de ingeniería con unos 1,000 alumnos cada una. La escuela de medicina cuenta con una instalación completa y moderna. El edificio abarca una manzana entera, y el hospital de la universidad, situado enfrente, ocupa también igual extensión de terreno. Los laboratorios, las aulas, la biblioteca y demás instalaciones de la escuela son admirables.
Después de Dios en su obra, viene el hombre en la suya; después de las maravillas de la Naturaleza, vienen las del Ingenio. Por la noche, a la luz de la lámpara, bajaba un amigo de las tablas de la biblioteca y tomaba parte en su conversación.
Y, por último, en una alcobita que apenas se descubría, por hallarse la pequeña puerta casi tapada del todo por una cortina de bayeta verde, estaba la cama del buen religioso. La alacena de donde éste sacó el vino y que era bastante capaz, servía de bodega, ropero, despensa, caja ó tesoro y biblioteca á la vez. Todo, aunque pobre, parecía muy aseado.
Vió otra vez sobre una mesa de la biblioteca los mismos periódicos que él acababa de leer, y se explicó el desaliento de su amigo, quebrantado por el vaivén de los sucesos, saltando en el curso de unas pocas horas de la confianza á la desesperación. Era rudo el contraste entre su voz fría y reposada y el crispamiento doloroso de su rostro.
I, página 263. Rodríguez, Biblioteca Valentina, pág. 58. La Diana enamorada, nueva impresión con notas al Canto de Turia. Madrid, 1802, pág. 411. Latassa, Escritores aragoneses. Pamplona, 1798-1802. Aunque digan los eruditos españoles que peleó también en la batalla de Mühlberg, es erróneo, porque el año de su nacimiento es posterior á la fecha de esta batalla.
Corrí a buscar una escalera, que arrastré hasta la ventana de la biblioteca, y con esfuerzos sobrehumanos conseguí levantarla y apoyarla sólidamente contra la pared.
Una envidiable posición social y cuantiosísimas riquezas permitiéronle alimentar sus aficiones y perfeccionar sus conocimientos con una costosa y gran biblioteca, en que se hallaban, al decir de Barco, los más selectos libros de todas las facultades y una numerosa colección de los más preciosos manuscritos de que tuvo noticia.
Su ausencia no fue larga. Cuando volvió, le dijo Máximo: ¿Lo ha encontrado usted? Sí, tengo lo que necesito. Y añadió: He vuelto a poner la llave en su sitio. Después se puso a hablar con un grupo de amigos que habían venido en su ausencia. Yo no le perdía de vista. En un momento dado entró en la biblioteca, estuvo allí unos segundos y salió echándome una mirada que quería decir: ya está.
¿Quiere usted subir á la biblioteca? preguntó el hermano. Tiene poco que ver: todo en ella es antiguo. Lo antiguo era lo mejor dijo Aresti con gravedad. Usted está en lo cierto. ¡Ay, si todo el mundo pensase tan sanamente como usted! No como la gente de ahora que sólo lee novelas y libros malos contra la religión.
Me siguió a la biblioteca, pero también al Marqués de Oreve se le antojó ver las estampas... Mi combinación iba a fallar, cuando quiso el Cielo que la Marquesa se enredase en la genealogía de los Coburgo. El Marqués volvió en seguida pies atrás, y Lautrec y yo nos quedamos solos en la biblioteca, cuya puerta abierta nos dejaba expuestos a todas las invasiones. No había, pues, tiempo que perder.
Palabra del Dia
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