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Actualizado: 24 de octubre de 2025
Y luego se levantó en pié Ayar Oche y mostró unas alas grandes y dijo quél habia de ser el que quedase allí en el cerro de Guanacaure por ídolo, para hablar con el sol su padre.
Ella, enamorada de él rabiosamente por su parecido con el Maestro, quería casarse, y le hablaba de los millones del gobernador, mezclando sus entusiasmos románticos con las aficiones prácticas de su raza. Pero Febrer acabó por huir, antes de que la inglesa le dejase a su vez por algún director de orquesta que se asemejase más a su ídolo.
Los carteles anunciaron el desafuero contra el arte, y aquella alborotada juventud se posesionó del centro de la galería baja, dispuesta á vengar las injurias que, no sin razon, daban de antemano por inferidas á su ídolo.
En la cual se enterraban los señores principales en los patios y aposentos, excepto donde el ídolo estaba; y el dia quel ídolo se puso en la casa, entraron en la ciudad, que no lo saben ni pueden inumerarlo, mas que dicen que la vez que ménos ovejas y corderos allí sacrificaron, que pasaba de más de quinientos.
Tenía seis hijos: el mayor, que contaba diez y nueve años, estaba empleado en un comercio de San Sebastián; el segundo estudiaba para piloto en Bilbao; el tercero, Adolfo, lo tenía en casa, un pedazo de madera que no servía más que para dar disgustos; venían después dos niñas de ocho y diez años, y por último, un niño de cinco que era, según todas las señas, el ídolo de sus ojos.
Tiene la fealdad de un ídolo y parece que anda sobre las rodillas. Le dicen por mal nombre la Rebola. ¡Qué susto grande!... Escuché una voz que salía de lo más fondo de la capilla, al pasar por la sala de la tribuna. ANDREÍ
He tenido un gran éxito... Vea usted estas flores... Me aclaman, me envidian... Soy un hermoso ídolo ¿verdad? ¿Quién no querría estar en mi puesto?
CAP. IV. En que trata cómo Ayar Mango se descendió de los altos de Guanacaure á vivir á otra quebrada, donde, despues de cierto tiempo, de allí se pasó á vivir á la ciudad del Cuzco en compañía de Alcaviza, dejando en el cerro Guanacaure á su compañero Ayar Oche hecho ídolo, como por la historia más largo lo contará. 13
Adora á un ídolo, á fin de que ese ídolo agradecido se convierta en idólatra suyo. Por eso es generoso á su manera; es generoso efectivamente, espléndido y hospitalario; da como nadie, porque da como gana, y nadie gana como él; da, no se lo niego, no debo negárselo; pero da con su cuenta y razon.
Imposibilitado de encontrar motivo para la exaltación de su ídolo y de comprender su carácter, no sabía qué actitud tomar. Balbuceó, resolló, se puso grave, galante, tierno, pero de un modo tan necio e incomprensible que Lady Clara experimentó la dolorosa duda de que estuviese en su perfecto juicio.
Palabra del Dia
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