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Actualizado: 20 de octubre de 2025
Figúrate que ha sido una nube de verano; ya pasó. Ahora nos dirigimos al Banco, con el fin de cobrar un billete de mil francos, y es el tercero que va de marcha.
Era necesario que la población se persuadiese de que los dos mil francos asignados al profesor no eran enteramente perdidos.. Además convenía ir introduciendo en ella el gusto por estos refinamientos de las grandes capitales. ¿Pero con quién tener affaire en Sarrió?
¡Mis puertas estarán siempre abiertas para vos, lo mismo que mi bolsillo, igual que mi corazón! ¡Si siquiera me hubieseis dado cincuenta francos para comprarme un tonel de ocasión!
Felizmente no se llega al conocimiento de estas tristes verdades sino a cierto tiempo; en un principio todos somos generosos aún, francos, amantes, amigos... en una palabra, no somos hombres todavía; pero a cierta edad nos acabamos de formar, y entonces ya es otra cosa: entonces vemos por la primera vez, y amamos por la última.
El mayordomo había recibido quinientos francos, el ayuda de cámara doscientos cincuenta. El menos favorecido de todos, el marmitón, contemplaba con una ternura inefable dos hermosos luises de oro completamente nuevos. Habría celosos en la asamblea, pero descontentos ni uno solo, y cada uno a su manera decía que da gusto servir a un amo rico y generoso.
Sus honorarios están fijados en seis mil francos por año. ¿Le conviene? Me conviene grandemente y todas las precauciones y delicadezas de su amistad me conmueven vivamente; pero, para decirle la verdad, temo ser un hombre de negocios muy poco entendido, algo novicio. Pierda cuidado sobre ese punto, amigo mío. Mis escrúpulos se han anticipado á los suyos y no he ocultado nada á los interesados.
Tomó por fuerza una de mis manos y la retuvo entre las suyas, mientras que yo, dominada por una timidez que no había sentido jamás, volví a un lado la cara y hacía esfuerzos por librarme. Déjame esta mano tan pequeñita y linda; me pertenece. Vuelve la cara hacia acá, Reina. Miré de frente a aquellos hermosos ojos francos que me sonreían, y exclamé: ¡Alabado sea Dios!
Y reinaba un mutismo palpitante, escuchándose tan sólo el retintín de los tijeretazos que cercenaban el rabo de las tagarninas. «Acontecimiento incalificable» repetía Amparo . «Se nos asegura que hará dos días entraron tres guardias civiles francos de servicio en el café de la Aurora, y un oficial que allí había los arrestó...» Arrestaría, arrestaría.... Callar, bocas....
He hecho mentalmente el balance de mis fondos, y resulta que en el trascurso de dos meses, algo menos, he gastado sobre dos mil reales con que llegué á Paris, más dos billetes de á mil francos, sin contar cerca de cien duros que nos costó el viaje. De modo que desde nuestra salida de Madrid, hemos gastado, sobre seiscientos duros, la mitad exacta del capital que destinamos á la expedicion.
Catalina lo tranquilizaba entonces, como diciéndole con su mirada cariñosa: Espérate a que eduque a Cónsul, para convidarte con champaña y gallina, como Niní a Sansón, el hombre de las pesas falsas y de los músculos postizos... Una noche estuvo Raguet más exigente que de costumbre. Necesitaba en ese mismo instante trescientos francos...
Palabra del Dia
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