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Actualizado: 4 de octubre de 2025
Antes de las corridas acometíanle dudas crueles, incertidumbres semejantes al miedo, que no había conocido en su mala época, cuando empezaba a crearse un nombre; pero apenas se veía en la arena desvanecíanse estos temores y mostraba una audacia bárbara, acompañada siempre de buen éxito.
Sangre de mis entrañas derramada, Pues sois aquella de los hijos mios: Mano contra ti mesma acelerada, Llena de honrosos y crueles brios: Fortuna en daño nuestro conjurada: Cielos de justa piedad vacios, Ofrecedme en tan dura amarga suerte Alguna honrosa aunque cercana muerte!
Aunque sordos, estos rumores no fueron tan disimulados que no llegasen a la interesada, y unidos a otras pequeñeces que ella observaba también, empezaron a clavarle en el alma el dardo de los más crueles recelos.
El conde le observaba atentamente de la cabeza á los pies. ¿Y piensan ustedes pasar mucho tiempo en esta posesión? Quizá todo el verano: después de once años de abandono, ya comprenderá usted que no me faltarán asuntos que arreglar. ¡Ah! Indudablemente. La verdad es que han sido ustedes crueles con nosotros, privándonos de su presencia tanto tiempo. Mil gracias... deje usted el sombrero.
Pero alzándose bruscamente comenzó a pasear con agitación por la estancia mientras decía gesticulando nerviosamente: ¿Y yo qué culpa tengo...? Quisiera, aun a costa de mi sangre, arrancarme de la imaginación estas escenas, pero ellas no quieren huir. Si por algunos momentos se eclipsan es para aparecer nuevamente más vivas, más crueles.
Ahora cantaba á media voz, con los ojos húmedos por la poesía de sus recuerdos. Pero el viejo no podía escucharle. Excelencia: lo han fusilado... Acaban de matarle, á pesar de la orden. La sonrisa del jefe le hizo comprender de pronto su engaño. Es la guerra, querido señor dijo, cesando de tocar . La guerra con sus crueles necesidades... Siempre es prudente suprimir al enemigo de mañana.
No sólo con sus amigos, sino también con sus conocimientos eventuales, con los comerciantes a quienes compraba algo, con los acomodadores de los teatros, con el camarero que le servía en el café, en todas partes dejaba escapar el flujo de sus dudas crueles, esperando siempre que alguno le pusiese en camino de descifrar el terrible misterio.
Pensamos demasiado en nuestra debilidad y acabamos por padecerla; creemos que se nos va la cabeza, que nos duele el corazón y que se nos vicia la sangre, y de tanto decirlo y pensarlo nos vemos agobiados de crueles sufrimientos.
Entonces, vuelto á los suyos, les dijo el Mamaluco: Mucha gente tienen éstos alistada; y sin hablar más, haciendo tocar á retirada, se embarcó con todos los suyos en las canoas, huyendo á todo vogar, por no venir á las manos con tanta gente; y quiera el cielo que así como los cristianos Guaranís, de mucho tiempo á esta parte son el terror de estos crueles enemigos, así lo sean también los Chiquitos reducidos á la fe y al gobierno civil.
La justificación del objeto amado es el mejor bálsamo que el afecto pueda encontrar para sus propias heridas: «¡Un hombre tiene que tener tantas cosas en la cabeza!» He aquí la creencia que le permite a una mujer conservar a menudo una fisonomía alegre, a pesar de las respuestas bruscas y de las palabras crueles de su marido.
Palabra del Dia
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