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Actualizado: 17 de diciembre de 2025


Golpeó fuertemente el tabique inmediato a su cama. En la habitación próxima dormía Salvador; y durante los días críticos de la enfermedad de D. Benigno, siempre que este necesitaba de la asistencia de su nuevo amigo le llamaba con un par de golpes suavemente dados en la pared. Era la media noche.

10 mas ahora es manifestada por la venida de nuestro salvador Jesús, el Cristo, el cual asimismo anuló la muerte, y sacó a luz la vida y la incorrupción por el Evangelio; 11 del cual yo soy puesto predicador, y apóstol, y maestro de los gentiles.

Todos se sosegaron, que ya estaban algo sobresaltados, y Monipodio salió a la puerta, donde halló al alguacil, con el cual estuvo hablando un rato, y luego volvió a entrar Monipodio, y preguntó: ¿A quién le cupo hoy la plaza de San Salvador? A dijo el de la guía.

Allí se desarrollaba con más soltura su imaginación, poblando de seres fantásticos el camino y las arboledas, conversando muchas veces en voz alta con las heroínas de unos amores ideales, arreglados conforme al patrón de la última novela leída. Una tarde, al finalizar el verano, subía Rafael la pequeña montaña de San Salvador, inmediata a la ciudad.

Pensativo y como lastimado por aquel interés de la muchacha hacia el enfermo, Salvador repuso entre dientes: De... perversidad. Carmen bajó hacia el suelo los párpados, cargados con la sombra divina de las pestañas, y murmuró: ¡Pobre!... Se quedó luego suspensa, sin alzar los ojos ni la voz, con los brazos caídos.

La mayor parte de lo que cosechaba en sus campos se lo comía la familia, y los puñados de cobre que sacaba de la venta del resto en el Mercado de Valencia desparramábanse, sin llegar á formar nunca el montón necesario para acallar á don Salvador.

3 Porque esto es lo bueno y agradable delante del Dios salvador nuestro; 4 el cual quiere que todos los hombres sean salvos, y que vengan al conocimiento de la verdad. 8 Quiero, pues, que los varones oren en todo lugar, levantando manos limpias, sin ira ni contienda.

debes ayudarme, y en ti confío; te necesito, Salvador; ¿estás pronto, hijo, a valerme? ¿Yo, señor?... Yo siempre estoy pronto a lo que usted mande. ¿Acaso mi vida no le pertenece a usted? ¡Oh, muchacho, qué cosas dices! Tu vida le pertenece a la humanidad, a la ciencia; le pertenece a la juventud, a la dicha.... vienes ahora, Salvador, yo me voy; me voy temprano.... ¡he vivido tan de prisa!

Marcela ruega de nuevo al Salvador que no deje impune al delincuente que la ha deshonrado, y, según parece, sus ruegos han de ser cumplidos.

Ya... y ese correveidile que se necesita.... Correveidile no, sino agente; ese agente que se necesita eres . Pues te juro dijo Salvador de la manera más jovial , que si la sociedad Isabelina o de los Patriotas isabelinos, como pretende el señor... y se me figura que lo pretende con razón....

Palabra del Dia

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