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Actualizado: 26 de octubre de 2025
Por la noche no dejó Miguel de pintarle tres o cuatro manchas en el rostro, con lo cual, al verse por la mañana en el espejo, comenzó a dar tales gritos y a proferir tales lamentos, que acudió el director y algunos profesores. Enterados del caso y hechas las correspondientes averiguaciones, se le impuso a Miguel un severo castigo.
Y todas las mañanas, despues de proponer en vano que hagan novillos, se marcha pretestando grandes ocupaciones, compromisos, enfermedades, precisamente en el momento mismo en que sus compañeros entran en la clase. Pero, por no se sabe qué arte de birlibirloque, Tadeo aprueba cursos, es querido de los profesores y tiene delante un hermoso porvenir.
Los profesores de la Universidad venían a oírle al cuchitril en donde vivíamos. Mi madre, que tenía mal carácter, decía que mi padre era un zángano, y que los que venían a oírle le tomaban el pelo. Pero mi padre es un santo. Involuntariamente pensé en don Pedro, Guillén, Eurípides, hijo de un zapatero y autor dramático. Prosiguió la Pinta: A mí me perdió un cura.
Sé muy bien que en ambas ciencias hay Profesores de erudicion exquisita, y de atinado juicio. Pero como salen á luz tantos tratados de Teología sin añadir novedad ninguna unos á otros, tantos Autores de Poliánteas, de Sermones, de Miscelaneas, he sospechado que tal vez se hallarán algunos que no habrán tratado estos asuntos con la perfeccion necesaria.
Collantes, que así se llamaba el poeta, sonreía, no ya con desprecio, sino con verdadera lástima, cuando le hablaba de mis sabios maestros de Santiago, y hasta una vez tuvo la crueldad de tirarme de la lengua en el café delante de otros compañeros, literatos también, para que desahogase mi entusiasmo por Tejeiro y otros que a mí me parecían eminentes profesores.
Impreso en papel satinado fino y bien encuadernado. Precio, . Esta obra, escrita en inglés por los más notables profesores de la materia en los Estados Unidos, encierra todos los descubrimientos y adelantos hechos hasta el día en ésta ciencia.
En último término gente conocida, cuya presencia me podía conmover... Para hacerme recordar que yo había sido un simple pianista, aquí me aguardaban, batuta en mano, los directores de los conciertos y de la ópera; los profesores de la orquesta con sus instrumentos; los cantantes espada al cinto ó arrastrando colas femeniles, todos pintados y con peluca; las muchachas del cuerpo de baile con piernas de fresa pálida y gasas horizontales en el talle... Estaban prontos á gemir, previamente aleccionados por la empresa.
Se saludaron con efusión y se contaron su vida. Mendoza aconsejó a su amigo que fuese por la Universidad, porque era muy fácil perder curso; los profesores tenían fama de severos; las asignaturas eran largas y difíciles, y acostumbraban a apretar más a los que no asistían a clase.
Fueron cinco o seis años de cruel lucha con la barbarie y desaplicación de los muchachos, de un pugilato fatigoso con los profesores; y gracias al nombre que llevaban y a las cartitas que escribía en cada curso la Reina, salieron adelante. Ya eran oficiales y estaban colocados, cuando una nueva serie de disgustos amargaba la existencia de doña Tula.
Sus compañeros le despreciaban a causa de su debilidad, de su falta de destreza; los profesores le miraban con recelo por su carácter reservado y triste. Y por las vacaciones vuelta al lúgubre y aborrecible palacio, al austero régimen, a los eternos rezos. A pesar de sus ardientes deseos de seguir una carrera no lo consiguió.
Palabra del Dia
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