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Actualizado: 24 de octubre de 2025
Tanto hubo de ser así que no faltó en aquel tiempo quien asegurase, que el precioso rizo que tenía Pietro Bembo en el principio de su ejemplar de Lucrecio, donde está la invocación a Venus, rizo que se conserva aún en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, no era de la Duquesa de Ferrara, sino de la tal donna Olimpia.
Tal vez la música del porvenir llegue en Europa, dentro de cuatro siglos o antes a tener eficacia parecida, mas por ahora distamos mucho de ello. Donna Olimpia estaba tan absorta oyendo el trompeteo y contemplando la danza, que no contestó palabra alguna. La observación de Tiburcio era, sin embargo, muy atinada aunque incompleta.
En otras ocasiones, Morsamor y donna Olimpia ponían por las nubes mil invenciones y descubrimientos recientes, que en sentir de ellos hacían de la época en que vivían la más fecunda e ilustre de todas.
Por dichas prendas, que le ha entregado el Dios de la guerra que está allí contemplándola en éxtasis, le entrega ella un travieso amorcito, que tiene cogido por las alas y que ha sacado de una jaula, donde quedan aún presos otros varios hermanos suyos. Paréceme, señor Miguel, que no os disgustaría que os regalase o vendiese donna Olimpia alguno de los mencionados hermanos.
He buscado el amor para gozarle y he hallado vergüenza, desolación y muerte. Doña Sol paga mi amor con su desprecio. El desprecio mío mata el amor de donna Olimpia. Y cuando no nos despreciamos y nos amamos, la ira y los celos dan espantosa muerte al objeto de mis amores. Mi ambición no ha sido menos burlada que mi cariño.
Sí, Quintanar dice bien, esto es el paraíso, ¿qué nos falta a nosotros en él? Según Quintanar, nada más que música.... Oh, pues por música que no quede. Corro al salón a tocar la donna é movile, con el dedo índice, mi único dedo músico. ¡Qué cursi es esto según Obdulia!... ¡Una dama que no sabe tocar el piano más que con un dedo!
La principal figura del grupo, y por serlo la he dejado para lo último, es nada menos que donna Olimpia de Belfiore, una de las más artísticas, hermosas, sabias y elocuentes mujeres, que ha producido Italia en nuestros días, en que renacen, más allí que en otras regiones, la antigua cultura greco-romana y las ciencias y artes de amor, de paz y de guerra.
Estoy convencida de que no volveré a hallar jamás hombre tan guapo como tú y que me pete tanto, aunque, como el Infante don Pedro de Portugal, recorra yo en su busca las siete partidas del mundo. Y, sin embargo, tengo que abandonarte. Donna Olimpia lo quiere. Seguirla es para mí deber ineludible.
También en Italia añadió donna Olimpia anda desde hace años muy válida la opinión de que no es la tierra, sino el sol quien está en el centro; y ya, en mi primera mocedad, conocí yo y traté en Roma a cierto doctor polaco, cuyo nombre era Nicolás Copérnico, que enseñaba dicho sistema y andaba muy afanado componiendo un libro, que pensaba dedicar al Papa, sobre las revoluciones de los orbes celestes.
Donna Olimpia era alta y bien formada, pero, más que esbelta, amplia y exuberante sin perder la gracia y el hechizo, como las ninfas y diosas que pintaba Tiziano Vecelli. Cuando pasaron los del grupo, Tiburcio prosiguió su arenga diciendo: Esta donna Olimpia es un prodigio singular. Se ignora la edad que tiene.
Palabra del Dia
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