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Eran hermanos jóvenes que trabajaban de carpinteros y albañiles; mocetones de la montaña que deseaban emanciparse del terruño, prestando sus brazos á la Compañía para el trabajo reposado y lento de las casas de religión; libres ya de la lucha por la vida, y teniendo de antemano asegurada la salvación eterna, sólo con obedecer ciegamente á los superiores.

El tío Goro suspendió la lectura y miró á su mujer con ojos severos, donde se traslucía la emoción con trabajo reprimida. Nolo se había puesto pálido y miraba al suelo fijamente. Bueno... basta, mujer... Al cabo siguió la lectura. «...porque siempre deseaban verme gorda. Pues sabrá, madre, cómo las señoras me han traído á un colegio, porque dicen que en casa aprendo poco.

Deseaban los muchachos cordialmente que aquellas espinas le atravesasen el cráneo. El entierro de Cristo era la venganza de toda la escuela. Vinagre, en su afán de mortificar a cuantas generaciones pasaban por su mano, se gozaba en lastimar a la suya, en su propia persona.

Ignoro cómo pensaban realizarlo, pero de su intención no me cabe ninguna duda. Deseaban que usted apareciese muerto un amanecer, aquí en la playa, y que la gente creyese en un fallecimiento ordinario. Pero como no han podido realizar este plan hipócrita de venganza, apelan ahora al asesinato. Ya lo sabe, gentleman; esta noche y la siguiente no duerma usted.

Eran, en una palabra, los que divinizaban todas las miserias, todos los rigores que martirizan al hombre, marcando, en cambio, con el sello de la execración las únicas alegrías que están á su alcance. Aquellos enemigos de la vida, la insultaban llamándola valle de lágrimas. ¿No deseaban salir de ella cuanto antes?

Al verle sano y alegre, toda la familia experimentó una repentina inquietud. Deseaban examinar su herida para convencerse de que no corría ningún peligro. ¡Si no es nada! protestó el subteniente . Un balazo en un hombro. Los médicos temieron que perdiese el brazo izquierdo; pero todo ha quedado bien... No hay que acordarse.

Administraron el sacramento del bautismo á mas de quinientas almas: un año despues hicieron otro tanto con la poblacion de tres aldeas que deseaban reunir en un solo pueblo.

Colaboradores entrambos enemigos en que tal fuera el resultado de la revolución y de su triunfo, no solo los cubanos no tuvimos, salvo alguna que otra manifestación aislada, que nunca pudo traducirse en hechos, el propósito vindicativo de las ofensas pasadas, sino que tampoco dieron los españoles muestras de despecho o de inconformidad con los hechos consumados, y dándose cuenta oportuna de la situación la aceptaron acaso con reservas mentales, pero con reservas que tuvieron la discreción de no exteriorizar jamás; y así nunca, manifestaron expresa y públicamente, ni aun durante el tiempo intermedio de la Intervención primera, que, contentos con tal fracaso de la Revolución vencedora, ellos deseaban que no triunfaran sus ideales definitivos.

Del tablado, de los techos, de los balcones, de toda la plaza, miles de voces la incitaban al arrepentimiento; pero muchos, que deseaban verla quemar en el brasero sin que fuese antes estrangulada, protestaban a gritos.

Se aproximaban al término del viaje. ¡Buenos Aires!... Ya estaban casi tocándola. Cuatro ranchos y cuatro sueños los separaban nada más de la ciudad-ilusión. Iban a llegar más pronto de lo que deseaban: cuando ya se habían familiarizado con la vida del Océano y su prisa era menos apremiante.

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