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Actualizado: 25 de octubre de 2025


De todo el profesorado, amaba á la maestra de francés, porque podía hablar con ella de París y las artistas célebres como de un mundo lejano entrevisto en los periódicos de modas. También amaba á la maestra de español, que le describía cómo eran las corridas de toros y le enseñaba á ponerse la mantilla lo mismo que una andaluza. No necesitó de estudios penosos y áridos para sobrepasar á todas.

Nosotros, pueblo salvaje, hemos dado al mundo en los últimos tiempos artistas de una grandeza moral admirable.

Maltrana, obligado a trabajar durante el día, había abandonado el cuartucho de la calle de los Artistas, ya que su único camastro lo ocupaban por la noche el señor José y su hijo. El joven dormía en Madrid, en el hospedaje de un compañero de bohemia, poro esto era con carácter provisional. Necesitaba una casa.

Poco después, y merced al favor de la Reina, Margarita construyó en la calle Réservoirs otro teatro más grande y lujoso, que llegó á ser una especie de «antesala» de la Comedia Francesa, ya que allí debían examinarse todos los artistas que aspiraban á pisar el escenario sagrado de la calle Richelieu.

A la cólera sucedió el desaliento. ¿Qué iba a hacer? ¿adónde ir?... Sentíase más infeliz, más débil que meses antes, cuando vagaba sin hogar, pasando las noches en una redacción. Ya no tenía como recurso aquel camastro de la calle de los Artistas. Además, carecía del valor que da el ser solo para hacer frente a la miseria.

Se buscaban, con una simpatía intelectual, entre los demás artistas, vulgares jornaleros de la música. Mina le había recibido frecuentemente contra la voluntad de su madre, señora de rígidos principios que no podía transigir con los desórdenes del maestro. Hablaban juntos de

Francia, Inglaterra, Alemania, Austria, Bélgica, Holanda y los Estados Unidos de América son testimonios innegables de esta afirmación. Además, en ninguna época conocida de la historia los artistas han podido trabajar con más seguridad ni han encontrado un público tan numeroso ni tan solícito para recompensarlos.

Acuérdese de los ejércitos de la primera República: todos ciudadanos, lo mismo los generales que los soldados; pero Hoche, Kleber y los otros eran rudos compadres que sabían mandar é imponer la obediencia. El carpintero tenía sus letras. Además de los periódicos y folletos de «la idea» había leído en cuadernos sueltos á Michelet y otros artistas de la historia.

Cuando llegues a tierra podrás lucirlo por entero. Satisfecho de sus gestiones como organizador, hablaba de otros artistas, talentos ignorados que había sabido descubrir entre la masa de los pasajeros.

Este platonismo, este refinamiento sentimental que atribuyo á los artistas, no es exagerado. Un artista, cuanto más grande, mayor importancia otorga á la gloria.

Palabra del Dia

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