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Esa misma noche, Schiller me contestaba en este diálogo admirablemente entre Tell y su hijo: Walther, mostrando el Bannberg. Padre, ¿es cierto que sobre esa montaña, los árboles sangran cuando se les hiere con el hacha? Tell ¿Quién te ha dicho eso, niño?

Klopstock, que desde niño fue impetuoso y apasionado, comenzó a escribir su poema de la Mesíada a los veinte años. Schiller nació con la pasión por la poesía.

Cuentan que un día de tempestad lo encontraron encaramado en un árbol adonde se había subido «para ver de dónde venia el rayo, ¡porque era tan hermosoSchiller leyó la Mesíada a los catorce años, y se puso a componer un poema sacro sobre Moisés.

De manera que para que un hombre sea completo, es necesario que ignore la poesía, es decir, que desconozca al hombre moral; que no tenga el sentimiento de lo bello; que carezca de las facultades perceptivas de la armonía; que no haya leido ni á Homero, ni á Horacio, ni á Schiller, ni á Shakespeare, ni á Lope de Vega, ni á Lamartine, ni á Dante; que no conozca la historia literaria de los pueblos antiguos ó modernos; que no le ande sobrando la imaginacion, y que sea incapaz de crear séres de la nada en el silencio de la inspiracion.

La labor fácil les ha hecho perder el sentimiento de lo bello, de lo concluido, de lo verdadero y expresivo. ¡Cuántas noches ha costado a Byron cierta estrofa que hoy vemos desenvolverse con una soltura y elegancia tal, que parece haber nacido de una pieza, como la Minerva griega! ¡Un manuscrito de Goethe o Schiller impone un grave respeto: ¡qué esfuerzo, qué tenacidad en la lucha contra la forma rebelde que no expresa, que no quiere expresar el pensamiento! ¡Quién creería que el maestro típico de la espontaneidad, el cantor de Vauclusa, el divino Petrarca, que ha escrito más sonetos que estrellas tiene el cielo, labrase el verso como Gioberti el bronce! . ¿Y Musset y Hugo mismo?

De tiempo en tiempo veía relucir lo blanco de una pechera o el extremo de un brazo desnudo, en medio de una obscuridad purpurina, como diría Schiller. ¡Ah, ! ¡es cierto! Una cosa más me llamó la atención.

Los poetas por temperamento, para quienes la poesía es una vocacion, son como las lámparas: alumbran gastando en sus poemas el aceite de la vida, derramando en sus obras su propia sustancia y apagándose muy temprano, como Byron ó como Schiller.

La mayor parte de los poetas que admiramos y nos deleitan pertenecen a la categoría de los que el mismo crítico llama genios pasivos, si bien, a nuestro entender, incluye en este número a algunos que merecen ser colocados entre los primeros, como Rousseau y Schiller.

Hay también libros de literatura, casi todos sobre el fratricidio. Al lado de novelas lúgubres, como El fin trágico de toda una familia en Elsterwerda, se encuentran: La novia de Messina, de Schiller, y Julio de Tarento, de Leisewitz. También la teología está representada por cierto número de pequeños tratados sobre el pecado mortal y su perdón.

El teatro en Viena, como en toda la Alemania, se alimenta con traducciones: despues de Lessing, Schiller y Goëthe, que hicieron esfuerzos sobrehumanos para emancipar á su patria del tributo que pagan á las escenas extranjeras, nadie le ha levantado de su postracion: la literatura dramática, propiamente dicha, no existe en Alemania.

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