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Actualizado: 14 de octubre de 2025
Artegui se quedó mirándola tan fijamente, que Lucía sintió, digámoslo así, el peso y el calor de aquellos ojos en sus mejillas, y encendiose toda en rubor, murmurando: ¡Le cuento a usted cada tontería! Como no tenemos de qué hablar.... Seguía él escudriñando con la vista el franco y juvenil semblante, como una hoja de acero registra la carne viva.
Lea estos papeles, por vida del licenciado, que no ha salido en campaña ¡voto a Cristo! hombre ¡vive Dios! tan señalado"; y decía verdad, porque lo estaba a puros golpes. Comenzó a sacar cañones de hoja de lata y a enseñarme papeles, que debían de ser de otro a quien había tomado el nombre. Yo los leí, y dije mil cosas en su alabanza, y que el Cid ni Bernardo no habían hecho lo que él.
Pues ella me traía sus recados y le llevaba los míos. Yo le escribía poniendo ciertos signos con lápiz en una hoja arrancada de la <i>Guía de Pecadores</i> o del <i>Tratado de la tribulación</i>; de modo que el gran fray Luis de Granada y el padre Rivadeneyra han sido nuestras estafetas.
SARDINAS RELLENAS. Después de limpias se rellenan con pan molido, cebolla picada y huevo batido; se ponen en una cacerola con tomate y se hacen como las anteriores. SARDINAS FRITAS. Lávense bien las sardinas, quíteseles la cabeza y sazónense de sal fina; séquense con un paño y fríanse. SARDINAS ASADAS. Se les quita la cabeza y la espina, se envuelven en hoja de parra y se asan.
No tuvo tiempo de más cavilaciones, porque giró ante él la hoja enorme pintada de rojo, bajo el dintel labrado, y la propia Carmencita se apareció a sus ojos, siempre dulce y grave. Mirándole con despacio, clamó absorta: ¡Salvador!
Por fin, cuando ya anochecía el tercero y mientras yo entristecido por su ausencia, pues había salido aquella tarde, contemplaba su habitación desierta, vi desprenderse de sus rosales una hoja que empujada por el viento cayó revoloteando hasta la calle. La manzana que a Newton le cayó en la nariz, fue para el sabio una revelación de la gravitación universal.
Mire usted, señora, ¡cosa más rara! a ninguna de esas ramas le queda más hoja que la más alta, la de la punta....
Los pajarillos celebran alborozados el retorno de la aurora, saltando de hoja en hoja, y cortejando á esas hijas predilectas de la primavera, cuya diversidad de coloridos presenta los mas admirables contrastes.
Veía el mundo entero inclinándose ante aquella diosa. No sólo la saludaban los potentados; los poderosos del arte estaban allí, pasaban de hoja en hoja, dedicando una palabra de afecto, un verso, una frase musical a la hermosa cantante.
A todo esto, yo no sabía cómo se llamaba, y a fin de averiguarlo escribí la pregunta en otra hoja de la cartera: ¿Cómo se llama V.? La chica contestó en la misma letra inglesa y crecida, con el papel rayado: Me llamo Teresa no crea ustez por Dios que juego con muñecas. Diez o doce días se transcurrieron de esta suerte.
Palabra del Dia
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