Y heaqui uno llegandoše, dixole, maeštro bueno, que bien haré para aver la vida eterna? Y el le dixo, Porÿ me dizes bueno? Ninguno es bueno šino uno, [es á šaber,] Dios. Y ši quieres entrar

Díxole Cador: Ya habia yo distinguido los afectos que de vos mismo os esforzábais á ocultar: que tienen las pasiones señales infalibles; y si yo he leido en vuestro corazon, contemplad, amado Zadig, si descubrirá el rey un amor que le agravia; él que no tiene otro defecto que ser el mas zeloso de los mortales.

Dizeles, y vošotros quien dezis que šoy? Y rešpondiendo Simon Pedro, dixo, Tu eres el Chrišto, el Hijo del Dios Biviente. Entonces rešpondiendo Iešus, dixole, biëaventurado eres Simon hijo de Ionas: porque no te lo reveló carne ni šangre: mas mi padre que eštá en los cielos.

Díxole el Sirio: ¿Pues no creíais, poco hace, que se estaban enamorando? ¿pensais que enamora nadie sin pensar, y sin hablar palabra, ó á lo ménos sin darse á entender? ¿ó suponeis que es cosa mas fácil hacer un chiquillo que un silogismo? A uno y otro me parecen impenetrables misterios.

Entonces rešpondiendo Pedro, dixole, Heaqui, nošotros hemos dexado todo, y te avemos ‘seguido, que pues avremos? Y Iešus les dixo, De cierto os digo, ÿ vošotros ÿ me aveys šeguido, quando en la regeneracion še aššentar

No quiso Candido oir mas, y confesó que Martin tenia razón. Sentáronse luego á la mesa con Paquita y el frayle Francisco; fué bastante alegre la comida, y de sobremesa habláron con alguna confianza. Díxole Candido al frayle: Paréceme, padre, que disfruta Vuestra Reverencia de una suerte envidiable.

Gustóle mucho Zadig, y con la conversacion que se animó duró mucho el banquete. Díxole en fin Arbogad: Aconsejoos que tomeis partido conmigo, no podeis hacer cosa mejor; no es tan malo el oficio, y un dia podeis llegar á ser lo que yo soy. ¿Se puede saber, respondió Zádig, desde quando exercitais tan hidalga profesion? Desde niño, replicó el señor.

Entre los dedos de sus manos bellas Hizo pedazos al soneto altivo, Que amenazaba al sol y á las estrellas. Y dixole Cilenio: ó rayo vivo Donde la justa indignacion se muestra En un grado y valor superlativo, La espada toma en la temida diestra, Y arrojate valiente y temerario Por esta parte que el peligro adiestra.

Entonces llegandoše šus Dišcipulos dixeronle, Sabes que los Pharišeos oyendo ešta palabra še offendieron? Mas rešpondiendo el, dixo, Toda planta ÿ no plantó^ mi Padre celeštial šerá dešarraygada. Dexaldos: guias šon ciegas de ciegos: y ši el ciego guiare ál ciego, ambos caerán en el hoyo^. Y rešpondiendo Pedro, dixole, Declaranos ešta parabola.

Díxole entónces Memnon: Señor ilustrísimo, ¿sin mozas y sin comer, en qué pasais el tiempo? En cuidar, dixo el genio, de los demas globos que estan á nuestro cargo, y yo soy venido á consolarte. ¡Ay! replicó Memnon, ¿porqué no habéis venido la noche pasada, y me hubiérais estorbado hacer tanto disparate?